Europa cuestiona la autonomía de su defensa tras fallo de Starshield y la falta de un botón de apagado en Maven

El reciente fallo de los terminales Starshield en Ucrania ha reavivado la polémica europea sobre la dependencia de la tecnología militar estadounidense. El incidente, que provocó la pérdida de control sobre drones que volaban a más de 160 km/h, se produjo justo después de que la Casa Blanca emitiera una orden de restricción sobre el uso de la plataforma. Elon Musk afirmó que Starshield, propiedad de Estados Unidos, no debe ser objeto de vigilancia externa, mientras que el New York Times señaló que el sistema no funciona dentro de Rusia, limitando su aplicación a la defensa interna.
Maven: el “cerebro” sin botón de apagado
La OTAN y varios ejércitos europeos utilizan el Maven Smart System de Palantir, una plataforma de IA que procesa datos de satélites, radares y sensores para ofrecer una visión del campo de batalla en tiempo real. Louis Mosley, vicepresidente ejecutivo de Palantir para Reino Unido y Europa, declaró a Reuters que ni la empresa ni el Gobierno de Estados Unidos pueden desactivar el Maven. Según Mosley, el comprador del software tiene control total porque no existe un mecanismo remoto para apagarlo.
El Maven, adquirido por la OTAN en 2025, ha pasado meses a plena capacidad operativa, reduciendo los tiempos de decisión de horas a minutos. Si Estados Unidos decidiera apagarlo, la OTAN quedaría sin “ojos” sobre el frente. Mosley añadió que, para garantizar la seguridad, el cliente decide si emplea empleados de Palantir; en caso afirmativo, serían ciudadanos del país con la habilitación de seguridad requerida.
Reacciones europeas y búsqueda de alternativas
El debate sobre la dependencia tecnológica ha impulsado a varios países a explorar opciones locales. Alemania ha preseleccionado a tres proveedores europeos para su proyecto de seguridad y ha elegido a la francesa ChapsVision para su servicio de inteligencia interior. Francia, aunque ya utiliza Palantir, trabaja con ChapsVision y planea implementarlo cuando esté plenamente integrado. Dinamarca, que firmó un contrato de siete años con Palantir, ahora busca soluciones locales.
Suiza ha rechazado repetidamente vínculos con la empresa por motivos de seguridad. El Reino Unido, con un contrato vigente, estudia la posibilidad de cancelarlo antes de tiempo y desarrollar un sustituto propio o buscar un proveedor alternativo. España, que tiene contrato con Palantir desde octubre de 2023 y que expira el 30 de noviembre, parece no renovarlo, según la Vanguardia.
El dilema de la falta de alternativas viables
Aunque Alemania está activa en la búsqueda de soluciones europeas, la realidad es que encontrar un sustituto viable y europeo que satisfaga las necesidades de la Unión es complicado. En Francia, existen dudas sobre la capacidad de ChapsVision para sustituir a Palantir a corto plazo. En España, se espera que Indra y Telefónica llenen el vacío que dejará la empresa estadounidense.
El acuerdo millonario de la OTAN por la compra del Maven Smart System, con el visto bueno de los aliados, sigue siendo el pilar de la defensa colectiva. Sin embargo, la falta de un “botón de apagado” y la dependencia de decisiones tomadas en Washington han generado inquietud sobre la autonomía estratégica de Europa.
Mientras la tecnología de Starshield sigue siendo crucial para la guerra en Ucrania, la cuestión de quién controla realmente la defensa europea permanece sin resolver. La necesidad de desarrollar capacidades propias se vuelve cada vez más evidente, aunque la transición a sistemas alternativos no será inmediata.

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