Millones de discos duros funcionales se destruyen cada año por razones de seguridad

En la actualidad, millones de discos duros que siguen funcionando se envían a la destrucción cada año, una práctica que sorprende pese a su aparente contradicción con la economía circular y la reducción de residuos electrónicos.
El flujo de destrucción anual
Según datos del Laboratorio Nacional de Energía Renovable de Estados Unidos, ahora llamado Laboratorio Nacional de las Montañas Rocosas, se destruyen al menos 20 millones de discos cada año en ese país. Este número se replica en distintas regiones, impulsado principalmente por empresas y organismos gubernamentales que buscan evitar la filtración de datos confidenciales.
Empresas como Amazon, Microsoft y Google, junto con bancos, agencias de seguridad y departamentos gubernamentales, confían en la destrucción física de los dispositivos de almacenamiento como la solución más segura para impedir que la información caiga en manos indebidas.
Motivos detrás de la práctica
Los discos duros empresariales suelen operar en centros de datos y, tras aproximadamente cinco años de uso, se reemplazan. Este plazo coincide con el vencimiento de las garantías y la necesidad de garantizar el funcionamiento ininterrumpido de los sistemas. La destrucción se percibe como una forma de evitar pérdidas millonarias derivadas de interrupciones de servicio o multas por incumplimiento de la protección de datos.
El proceso de destrucción se ha convertido en un negocio propio. Empresas como Sims Lifecycle Services ofrecen servicios de destrucción “in situ”, lo que reduce el riesgo de extravío durante el transporte.
Alternativas al método tradicional
El Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE) publicó en 2022 el estándar IEEE 2883, que propone tres métodos de borrado seguro de datos (sanitization). El estándar señala que la trituración de discos ya no es completamente efectiva, pues las técnicas de laboratorio modernas pueden extraer datos de fragmentos de apenas 2 mm del plato.
De las tres alternativas, la purga (purge) se destaca como la más eficaz, ya que impide la recuperación de datos incluso con equipos de última generación. Además, al no destruir el disco, permite su reutilización, lo que favorece la economía circular.
Actualizaciones normativas y movimientos de la industria
En septiembre de 2025, el NIST estadounidense publicó la revisión 2 de su guía de saneamiento de soportes (SP 800‑88), reemplazando la versión de 2014. Esta guía se ha convertido en referencia para las empresas que certifican el borrado de datos.
Los fabricantes también están adoptando nuevas prácticas. Seagate, por ejemplo, abrió en 2024 una tienda en eBay de unidades recertificadas, borradas conforme al IEEE 2883 y a las pautas del NIST. En su año fiscal 2023, la compañía afirmó haber extendido la vida de cerca de 1,19 millones de discos duros y SSD.
Microsoft, en 2024, declaró que había reutilizado o reciclado el 90,9 % de los servidores y componentes de sus centros de datos. No obstante, las piezas que almacenan datos siguen sometiéndose a saneamiento y trituración antes de separar el resto de materiales.
Western Digital, junto con Western Digital y otros socios, ha probado un proceso para recuperar neodimio y otras tierras raras de discos al final de su vida útil.
El impacto de la inteligencia artificial
En enero de 2026, el consejero delegado de Western Digital, Irving Tan, anunció que la compañía había vendido prácticamente toda su capacidad de producción del año, con pedidos firmes de sus siete mayores clientes y acuerdos plurianuales que llegan hasta 2027 y 2028. Este auge de la IA ha reducido la demanda de discos duros tradicionales, lo que podría influir en la forma en que se gestionan los dispositivos obsoletos.
En síntesis, aunque la destrucción física de discos duros sigue siendo la práctica dominante para proteger datos sensibles, la industria está avanzando hacia métodos de borrado digital más seguros y sostenibles. La adopción de estándares como el IEEE 2883 y la guía SP 800‑88, junto con la reutilización de componentes y la recuperación de materiales valiosos, indica un cambio gradual hacia una economía circular en el sector de almacenamiento. Sin embargo, la transición completa dependerá de la aceptación de estas nuevas prácticas por parte de las grandes corporaciones y las autoridades reguladoras.



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