El calor residual de los centros de datos se vende como calefacción casi gratuita

Los centros de datos, que funcionan sin parar, convierten la mayor parte de la energía que consumen en calor. Con el auge de la IA y la llegada del invierno, esa energía residual se está comercializando como calefacción casi gratuita.
El caso de Meta en Odense
El centro de datos de Meta situado en la ciudad danesa de Odense cede cada año 165.000 MWh de calor a la red urbana gestionada por Fjernvarme Fyn. La ficha publicada por Meta en septiembre de 2026 menciona que el calor puede abastecer a unos 9.000 hogares. Para lograrlo, la empresa dirige el aire caliente de los servidores sobre serpentines de agua, que luego pasa a una central vecina de bombas de calor eléctricas que lo sube a 70‑75 °C, la temperatura exigida por la red. La instalación de unos 45 MW es la mayor de su tipo en Dinamarca y está integrada directamente en la red de distribución.
Sin embargo, el ahorro real no está claro. Meta y Ramboll no revelan cuánta electricidad consumen las bombas de calor, lo que impide comparar el coste con una caldera tradicional. Además, las cifras de recuperación de calor han variado: en 2019 se estimaba 100.000 MWh para 6.900 hogares, en 2020 165.000 MWh para 11.000 hogares y en 2023 215.000 MWh para más de 12.000 viviendas. Tampoco se explica cómo se contabiliza cada vivienda.
El precio del calor sobrante también ha sido un punto de debate. Desde 2022, un tope legal impedía a Fjernvarme Fyn rentabilizar sus instalaciones. Dinamarca eliminó ese tope el 17 de enero de 2025, pero el vicedirector Kim Winther advirtió que no se podía garantizar que los clientes notaran una reducción de precios.
Hotta, la apuesta española
En España, Aarón Molina y Gonzalo García fundaron Hotta (anteriormente Therminer) en 2021 con la idea de convertir los servidores en centrales térmicas urbanas. La inspiración vino de un garaje en Cabrejas del Pinar, donde los equipos superaban los 30 °C mientras el resto de la vivienda se mantenía helada. Su sistema utiliza refrigeración líquida sin gases ni piezas móviles y captura el calor para producir agua caliente y calefacción.
Hotta ha instalado su tecnología en viviendas, comunidades de vecinos, industrias y piscinas comerciales desde el año pasado. El modelo de negocio es de infraestructura como servicio: el cliente no realiza una inversión inicial y firma un contrato de venta de calor mientras los equipos funcionan por cuenta de la empresa. Entre los inversores de Hotta figuran Domusa Teknik, Mondragon, Fluidra Ventures, Faraday Ventures y Soria Emprende, y la compañía emplea a doce personas.
La empresa afirma que el ahorro frente a una caldera tradicional es de entre el 35 % y el 40 %. No obstante, ese dato proviene de la propia empresa y no de una auditoría independiente. Además, el modelo promete una “factura a coste cero”, pero la realidad es que el coste no es nulo.
El futuro en Soria
Molina cita el futuro centro de datos de la Seguridad Social en Soria como ejemplo. El traslado del centro, solicitado por el Ministerio al Ayuntamiento en 2020, permitiría ahorrar en climatización. Se estima que la potencia del centro equivaldría a una cuarta parte de la red de calor de la ciudad. La idea es dotarlo de refrigeración avanzada y recuperar su calor para toda la provincia.
No obstante, no todos los centros de datos están cerca de núcleos con demanda térmica, como se ha visto en Finlandia, donde un solo centro puede calentar hasta 20.000 viviendas. Recuperar calor mejora la eficiencia, pero no reduce el consumo eléctrico. En Dinamarca, el 63 % de los centros planea aprovechar el calor, mientras que en España, donde las redes urbanas son menos habituales, Soria con su red de calor ya construida parte mejor que la mayoría.
Conclusión
El exceso de calor de los centros de datos se está convirtiendo en una oportunidad comercial. En Dinamarca ya se ha implementado a gran escala, aunque el ahorro real y el precio siguen siendo inciertos. En España, Hotta ofrece una solución interesante, pero el coste no es cero y la viabilidad depende de la proximidad a la demanda térmica y de la infraestructura existente. La promesa de “calefacción casi gratis” describe la materia prima, no el recibo final.

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