El alcohol aumenta la preferencia por alimentos salados y grasos tras una noche de fiesta

El alcohol no solo aporta calorías vacías, sino que desencadena una serie de cambios neuroendocrinos que alteran nuestras preferencias alimentarias. Estudios recientes revelan que una dosis de 20 gramos de alcohol puede aumentar la ingesta de comida en un 11 %, con una marcada inclinación hacia alimentos salados y grasos, mientras que la atracción por los dulces disminuye.
El efecto en el apetito y el olfato
La precarga alcohólica estimula el hipotálamo, intensificando la respuesta a los olores de comida. Por eso, una copa extra puede hacer que la gente se sienta más tentada a entrar en un restaurante o a comprar un kebab en la calle. Además, el cuerpo no registra bien las calorías líquidas del alcohol, lo que provoca que los adultos no compensen la energía ingerida reduciendo su consumo posterior, sino que continúen comiendo.
Investigación en ratones y la hormona FGF21
Para comprender el mecanismo, los científicos emplearon técnicas de interferencia quimiogenética en ratones aislados. Descubrieron que la hormona FGF21, que se activa cuando el cuerpo necesita proteínas, es la responsable del repentino amor por los aperitivos salados tras la ingesta de alcohol. Esta señal química indica una urgencia de proteínas, y el organismo responde con una comida hipercalórica.
Confirmación en humanos
Un estudio publicado este año analizó los datos de 9 337 adultos de la Encuesta Nacional de Salud de Australia. Los investigadores cruzaron los hábitos de consumo de alcohol con los registros dietéticos y confirmaron que, en los días en que los participantes bebían, la ingesta de alimentos salados aumentaba y la de dulces disminuía con cada consumo adicional. Sin embargo, el efecto sobre la energía total diaria era especialmente grave debido al “efecto señuelo” de los ultraprocesados, provocando un consumo excesivo que puede llevar al aumento de peso y a otras enfermedades a largo plazo.
En síntesis, el alcohol no solo aporta calorías vacías, sino que también altera la percepción del gusto y la respuesta hormonal, lo que explica por qué después de una noche de fiesta la gente suele optar por un kebab u otros alimentos ultraprocesados. La investigación continúa, pero los datos actuales ya muestran un patrón claro que vincula el consumo de alcohol con un mayor consumo de alimentos salados y grasos, con consecuencias potencialmente negativas para la salud a largo plazo.

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