El ancho ibérico: el regalo inesperado de España a Renfe en Galicia

Un error histórico dejó a España aislada del ferrocarril europeo durante 150 años

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Un error del siglo XIX mantiene a España aislada del ferrocarril europeo… y favorece a Renfe en Galicia

Renfe puede respirar tranquila. El corredor Madrid–Galicia se ha convertido en un gigantesco negocio para la compañía. El volumen de viajeros se ha disparado desde la llegada de la alta velocidad, hasta el punto de que las aerolíneas están perdiendo terreno. La comodidad y la flexibilidad horaria están llevando a muchos a elegir el tren antes que el avión.

Pero detrás de este dominio hay algo mucho más profundo: una decisión tomada hace casi dos siglos. Una elección técnica, sobre el ancho de vía, que ha marcado la historia del ferrocarril español y condiciona su futuro.


El particular ferrocarril español: la decisión del ancho ibérico

A principios del siglo XIX, Europa estaba inmersa en la revolución ferroviaria. El ancho estándar internacional —1.435 mm— se imponía poco a poco, pero España decidió seguir un camino distinto. El 17 de octubre de 1844, una comisión liderada por Juan Subercase recomendó establecer como ancho oficial seis pies castellanos (1.672 mm), lo que pasaría a conocerse como ancho ibérico.

Las razones técnicas no fueron concluyentes: se argumentó que una vía más ancha permitiría locomotoras más potentes y mejor estabilidad en zonas montañosas. Sin embargo, la experiencia posterior demostró que estas ventajas eran menores, mientras que el aislamiento ferroviario frente a Europa sería duradero.

Incluso Portugal solicitó cambiar esa decisión para facilitar la conexión con Europa, pero su petición fue ignorada. El resultado: más de 150 años de vías incompatibles con el resto del continente.


El caso gallego: un muro de ancho de vía

La llegada del AVE abrió una nueva era en el transporte español, adoptando el ancho internacional para conexiones rápidas. El trayecto Madrid–Ourense se construyó con ese estándar, pero a partir de ahí Galicia sigue usando ancho ibérico.

Esto creó una barrera técnica. La solución llegó con los Talgo S106, trenes de ancho variable capaces de adaptarse al cambio. Una innovación que permitió conectar Galicia y Madrid en tiempo récord… aunque no sin problemas técnicos y retrasos.


Un regalo histórico para Renfe

En el contexto de la próxima liberalización de vías, Galicia tendrá competencia ferroviaria, junto a otros corredores como Asturias o Cádiz. Pero no será pronto: Adif prevé que hasta 2028 no habrá competencia real.

Además, en el caso gallego, la situación técnica y productiva favorece claramente a Renfe: los Talgo S106 son esenciales para el corredor y Talgo tiene toda su capacidad comprometida durante años. Otros operadores como Ouigo o Iryo no pueden competir, ya que no disponen de trenes compatibles.

Así, Renfe tiene garantizado su dominio en Galicia… una herencia directa de la decisión tomada en 1844 por Juan Subercase y sus ingenieros.


Lecciones de un error histórico

El ancho ibérico no es solo una curiosidad histórica: es una decisión técnica con efectos económicos y estratégicos que todavía hoy condiciona el transporte ferroviario español. Lo que para muchos fue un error de cálculo, para Renfe se ha convertido en una ventaja competitiva única.

Y mientras tanto, Galicia sigue disfrutando de un tren que es un testimonio vivo de un siglo XIX que todavía marca el siglo XXI.

Foto | José Spreafico y rail fox en Wikimedia

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