EEUU gasta a manos llenas, pero surgen señales de alerta

Estados Unidos continúa incrementando su gasto sin freno, impulsando la economía a base de estímulos y consumo. Sin embargo, dos luces rojas comienzan a parpadear en el horizonte: el empleo y las inversiones muestran signos de debilidad preocupante, dejando entrever que el impulso económico podría estar perdiendo fuerza.

Analistas advierten que, si esta tendencia se confirma, podría limitar la capacidad del país para sostener su crecimiento y mantener la confianza de mercados e inversores.

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EEUU en 2025: consumo resiliente, empleo e inversión muestran debilidad

Durante gran parte de 2025, la economía de Estados Unidos ha sorprendido por su resiliencia. A pesar de los tipos de interés elevados y la inflación persistente, los consumidores han mantenido un gasto firme y sostenido, impulsando el crecimiento. Las ventas minoristas siguen mostrando cifras positivas, y la confianza del consumidor ha recuperado niveles similares a los de 2019, según la Universidad de Míchigan.

Sin embargo, bajo esa apariencia de fortaleza se esconden señales preocupantes: el ritmo de creación de empleo se desacelera y las inversiones empresariales muestran un enfriamiento progresivo.


Consumo resistente, pero con deuda récord

El gasto de los hogares representa cerca de dos tercios del PIB estadounidense, por lo que su evolución sigue siendo el motor principal del crecimiento. Durante la primera mitad de 2025, el consumo personal aumentó un 2,2 % anualizado, según el Departamento de Comercio, aunque con cierta moderación respecto al año anterior.

La fortaleza del consumo descansa sobre bases financieramente frágiles. La deuda de los hogares alcanzó un récord de 17,6 billones de dólares, con tarjetas de crédito que superan 1,3 billones y una morosidad en préstamos al consumo que llegó al 3,3 %, la más alta en más de una década.

Este nivel de endeudamiento erosiona el poder adquisitivo, especialmente de los hogares de ingresos medios y bajos, que dependen del crédito para mantener su gasto. Analistas advierten que el exceso de consumo puede sostener la actividad temporalmente, pero no es sostenible sin un mercado laboral robusto y condiciones crediticias favorables.


Empleo: primeros signos de fatiga

El mercado laboral, considerado uno de los pilares más sólidos tras la pandemia, empieza a mostrar agotamiento. La tasa de desempleo subió al 4,3 %, frente al 3,7 % del año anterior, mientras que la creación de empleo privado apenas avanza en torno a 30.000 puestos mensuales, la mitad del ritmo habitual de los últimos tres años.

Sectores sensibles al ciclo, como manufactura y construcción, han reducido plantillas, y el empleo en servicios, históricamente más resistente, muestra signos de estancamiento.

Menos demanda de trabajadores temporales y una caída en las ofertas laborales sugieren que la confianza de los hogares podría debilitarse, haciendo que el gasto privado se vuelva más cauteloso en la segunda mitad del año.


Inversión privada: terreno de incertidumbre

La inversión residencial se ha contraído en cinco de los últimos seis trimestres, reflejando la debilidad del mercado inmobiliario, presionado por hipotecas cercanas al 7 %. Las solicitudes de permisos de obra han descendido un 10 %, y algunos analistas estiman que el sector podría perder más de 250.000 empleos en los próximos doce meses.

Ante la incertidumbre y el endurecimiento financiero, las empresas priorizan liquidez sobre expansión, retrasando proyectos de inversión y reduciendo gastos de capital. La rentabilidad corporativa, aunque aún positiva, comienza a comprimirse por el aumento de costes laborales y energía.


Riesgos que amenazan la expansión

La Reserva Federal adopta una estrategia de “esperar y ver”, consciente de que un recorte prematuro de tipos podría reactivar la inflación, mientras que mantenerlos altos demasiado tiempo podría frenar la inversión.

Los economistas de Moody’s Analytics prevén que el crecimiento del PIB se modere al 1,6 % en 2026, frente al 2,4 % estimado para 2025, en línea con el debilitamiento del consumo y la inversión. Goldman Sachs advierte que la elevada deuda de los hogares y la pérdida de dinamismo del mercado laboral podrían amplificar cualquier shock externo.

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