Estados Unidos: deuda al 143 % del PIB y una estrategia basada en la inflación

¿Qué está pasando?

  • Según proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), la deuda pública bruta de EE.UU. alcanzará aproximadamente el 143 % del PIB hacia finales de la década si no se toman medidas fiscales significativas.
  • El elevado nivel de déficit estructural —gasto que supera notablemente los ingresos— alimenta este incremento persistente de la deuda.
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Estados Unidos prepara una peligrosa jugada económica: “quemar la deuda con fuego inflacionario”

Estados Unidos está entrando en territorio desconocido. Según las últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), la deuda pública estadounidense podría escalar hasta el 143 % del PIB en los próximos años, superando incluso a países históricamente asociados a crisis fiscales como Italia o Grecia.

Sin embargo, lo más llamativo no es solo la magnitud de la deuda, sino la estrategia que comienza a perfilarse en Washington y Wall Street: dejar que la inflación haga parte del trabajo. Es decir, reducir el peso real de la deuda sin subir impuestos ni aplicar recortes, permitiendo que los precios crezcan más rápido que los costes de financiación.
El economista Michael Pettis lo define con una frase tan gráfica como inquietante:

“Quemar la deuda lentamente con fuego inflacionario.”


El fuego de la inflación

Desde 2020, Estados Unidos ha experimentado el mayor aumento de gasto público en décadas: ayudas pospandemia, subsidios energéticos, inversiones en infraestructuras y apoyo militar.
A todo ello se suma un déficit estructural cercano al 6 % del PIB, incluso en periodos de crecimiento económico.

Los tipos de interés altos que la Reserva Federal (Fed) mantiene por encima del 4,25 % no han frenado esta tendencia. De hecho, la han agravado: solo en 2025, el Tesoro estadounidense destinará más de 1 billón de dólares al pago de intereses, una cifra superior al presupuesto del Pentágono.

Aun así, EE. UU. cuenta con una ventaja que ningún otro país posee: emite la moneda de reserva global. Eso le permite financiarse en condiciones que serían imposibles para cualquier otra economía.


Cómo funciona “quemar” la deuda

El análisis del medio El Economista explica la lógica detrás de esta estrategia:
si la inflación se mantiene moderadamente alta durante varios años (entre el 3 % y el 4 %), el valor real de la deuda disminuye.

Los bonos emitidos con cupones fijos pierden poder adquisitivo a medida que los precios suben. En la práctica, el Estado paga lo mismo en dólares, pero esos dólares valen menos.

El resultado: una transferencia silenciosa de riqueza desde los ahorradores hacia el Estado deudor.

Economistas de Oxford Economics y del Peterson Institute for International Economics advierten que esta “válvula inflacionaria” puede aliviar las cuentas públicas a corto plazo, pero erosiona la confianza en la moneda y en la deuda soberana a largo plazo.


Un precedente histórico

EE. UU. ya aplicó una estrategia similar tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la deuda superó el 120 % del PIB.
Con crecimiento rápido, tipos reales negativos y controles financieros, el país logró reducirla al 60 % en apenas una década.

Pero el contexto actual es muy diferente: la economía es más abierta, los mercados reaccionan más rápido y el capital se mueve sin fricciones. Aun así, la tentación de repetir aquella fórmula mantener la inflación algo por encima de los tipos vuelve a estar sobre la mesa.


Quién paga el precio

Que la mayor economía del mundo utilice la inflación como herramienta fiscal tiene efectos globales:

  • Los bonos del Tesoro pierden atractivo como activo refugio, empujando a los inversores hacia el oro, los inmuebles o la renta variable.
  • Los países emergentes sufren la volatilidad de un dólar más débil y tipos reales más bajos, con riesgo de salidas de capital.
  • Europa, como suele ocurrir, importa parte de esas presiones inflacionarias, lo que podría obligar al Banco Central Europeo (BCE) a mantener tipos altos durante más tiempo.

A largo plazo, si los mercados perciben que EE. UU. “usa la inflación” para financiarse, el coste de su deuda podría dispararse, forzando precisamente el ajuste que intenta evitar.


Entre la estabilidad y el riesgo

La administración estadounidense no ha admitido abiertamente esta estrategia, pero los discursos recientes de Janet Yellen (Secretaria del Tesoro) y Jerome Powell (presidente de la Fed) repiten una idea clave:
mantener la estabilidad sin frenar el crecimiento.
Traducido: tolerar cierta inflación como mal menor frente a la recesión.

El desafío será mantener ese equilibrio.
Si la inflación se mantiene bajo control, EE. UU. podría repetir el éxito de los años 50.
Si se desboca, el resultado podría ser una pérdida de confianza en el dólar y un nuevo ciclo de deuda más cara y menos sostenible.

Por ahora, la deuda sigue subiendo, la inflación resiste a caer y la economía más poderosa del planeta confía en un remedio tan antiguo como arriesgado: quemar la deuda con fuego inflacionario.

Foto: Rawpixel/NARA

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