
La generación del baby boom sufre ahora el paro de larga duración y vive con ayudas asistenciales que apenas cubren lo básico
¿Es cierta la imagen que contrapone a los jóvenes con salarios bajos frente a generaciones anteriores supuestamente más acomodadas?
La realidad, en ocasiones, es muy distinta. En 2025, una parte creciente de trabajadores veteranos ha quedado atrapada en un mercado laboral que no les ofrece estabilidad ni acceso a empleos de calidad.
La evolución de los datos demuestra que son precisamente los mayores de 60 años quienes acumulan más dificultades para mantenerse ocupados en su última etapa profesional.
Un colectivo creciente que depende de ayudas mínimas
En medio de un contexto marcado por la pérdida de poder adquisitivo, el encarecimiento de la vivienda y la presión sobre el sistema de pensiones, existe la percepción de que muchos ciudadanos de más edad gozan de ventaja.
Pero los números revelan lo contrario.
Según los datos adelantados por el Ministerio de Trabajo, más de 769.000 personas recibían subsidios asistenciales en octubre, y de ellas un 34,5 % supera los 60 años.
Se trata de una cifra sin precedentes que refleja cómo quienes nacieron en el auge demográfico de los años sesenta han pasado a ocupar una posición de vulnerabilidad laboral muy distinta a la que se cree.
La paradoja es llamativa: hace dos décadas, quienes superaban los 40 años y perdieron su empleo durante la Gran Recesión quedaron inmersos en una espiral de precariedad de la que muchos no han logrado salir.
Hoy forman parte del grupo que registra mayores dificultades para acceder a un contrato y que depende, en gran medida, de un subsidio que rara vez supera los 480 euros mensuales.
La persistencia del desempleo entre los más veteranos
Las encuestas de población activa confirman la tendencia.
Mientras otros grupos de edad han recuperado o incluso mejorado sus niveles laborales respecto a 2008, quienes superan los 50 años siguen arrastrando tasas de paro superiores a las registradas en los momentos más críticos de la crisis financiera.
En el caso de quienes ya han cumplido los 60, la cifra se ha disparado más de un 270 % respecto a aquel periodo.
No se trata de personas inactivas a la espera de jubilarse: la mayoría continúa buscando empleo porque su situación económica no les permite vivir sin ingresos propios.
Esa realidad refleja tanto las dificultades para sostenerse con las ayudas actuales como el riesgo de una futura pensión reducida, al no poder cotizar más años antes de jubilarse.
La trampa del paro de larga duración
Solo unas 90.000 personas mayores de 60 años perciben una prestación contributiva, un porcentaje muy inferior al peso que tienen en el total de parados registrados.
El grueso depende de subsidios asistenciales, especialmente del destinado a mayores de 52 años.
Esta situación revela un patrón: las prestaciones ligadas a la cotización se agotan antes de que las personas logren reincorporarse al mercado laboral, lo que las empuja al nivel asistencial.
A partir de los 50 años, las oportunidades de encontrar empleo disminuyen progresivamente, y cuando se consume la prestación contributiva, solo queda el subsidio.
Aunque puede mantenerse hasta alcanzar la edad legal de jubilación, su cuantía mínima no garantiza estabilidad económica ni mejora la base reguladora futura.
Un fenómeno estructural, no coyuntural
La evolución desde 2009 demuestra que este aumento no responde solo a crisis puntuales.
Mientras otros grupos de edad han reducido su dependencia de subsidios, los mayores de 60 no han dejado de crecer.
El cambio demográfico, la ampliación de la edad legal de jubilación y las condiciones más estrictas para acceder a la jubilación anticipada explican parte del fenómeno.
Además, la desaparición de las prejubilaciones forzosas en grandes empresas ha hecho que muchos opten por mantenerse como demandantes de empleo mientras esperan una oportunidad laboral.
Y es que la precariedad no distingue edades.
Hoy golpea con fuerza a quienes se aproximan al final de su vida profesional, un grupo cada vez más numeroso que vive entre la incertidumbre laboral y el riesgo de exclusión económica.