
Cada vez hay más trabajadores de baja en España, y esa dinámica se produce en un contexto marcado por la dificultad para aprobar nuevos Presupuestos Generales del Estado, donde los recursos destinados a la Seguridad Social se mantienen prácticamente invariables desde 2023. El resultado es un sistema que tiene que aplicar ajustes continuos para cubrir partidas que crecen muy por encima de lo previsto, siendo la incapacidad temporal las bajas médicas una de las prestaciones más afectadas.
La incapacidad temporal, en cifras récord
El gasto en incapacidad temporal (IT) ha experimentado un crecimiento sostenido en los últimos años, y los últimos datos del Ministerio de Seguridad Social reflejan una tendencia ascendente clara:
- En 2017, el desembolso en incapacidad temporal superaba ligeramente los 7.000 millones de euros.
- En 2025, con datos parciales hasta octubre, el gasto roza los 17.000 millones de euros, casi el doble en apenas ocho años.
- El salto más pronunciado se produjó a partir de 2020, cuando el gasto superó por primera vez los 11.000 millones, desde entonces sin detener su crecimiento.
En 2025, el aumento interanual del gasto acumulado en bajas médicas supera el 11 %, situando la prestación por incapacidad temporal ya por encima de la cifra total de todo 2024.
Ajustes presupuestarios multimillonarios para cubrir el desfase
Para hacer frente al desajuste entre el presupuesto inicial y el gasto real, la Seguridad Social ha tenido que movilizar más de 5.300 millones de euros adicionales. Esta cifra representa aproximadamente el 81 % de las modificaciones presupuestarias realizadas dentro del nivel contributivo y refleja el peso de la incapacidad temporal sobre el resto de partidas.
Si se incluyen todas las prestaciones gestionadas por la Seguridad Social —tanto contributivas como no contributivas—, la incapacidad temporal absorbe casi la mitad de las modificaciones presupuestarias. Con estos refuerzos, el gasto destinado a cubrir las bajas médicas alcanza ya 17.093 millones de euros en 2025, consolidándose como una de las prestaciones más dinámicas en términos de crecimiento del gasto público.
Bajas comunes frente a profesionales: una diferencia significativa
El gasto en incapacidad temporal no está repartido de forma uniforme entre las diferentes contingencias:
- La mayoría del desembolso corresponde a bajas por causas comunes, es decir, situaciones no vinculadas directamente al trabajo (enfermedades comunes o accidentes fuera del entorno laboral). Esta categoría acumula más de 15.700 millones del gasto total, casi la totalidad de los fondos adicionales movilizados.
- Por su parte, las contingencias profesionales —accidentes laborales o enfermedades derivadas del trabajo— representan una parte mucho menor del total.
Esta distribución indica que las bajas no directamente relacionadas con la actividad profesional impulsan la mayor parte del gasto, un factor que alimenta el debate sobre las causas estructurales del aumento de las bajas.
Más bajas y más tiempo fuera del trabajo
El comportamiento del gasto no puede entenderse sin analizar la evolución del número de bajas y su duración:
- Desde 2019, las **horas no trabajadas por incapacidad temporal han aumentado un 73 %, mientras que las horas cotizadas solo lo han hecho en torno al 17 % en el mismo periodo.
- En términos de días, los días de baja han crecido alrededor del 70 %, frente a un aumento del 16 % en los días cotizados.
Estas cifras reflejan un uso más intenso de la prestación, con más procesos de baja y estancias más largas en situación de incapacidad, lo que contribuye a incrementos de gasto cada vez más pronunciados.
Efecto arrastre sobre otras prestaciones
La presión presupuestaria no se limita a la incapacidad temporal. Según datos oficiales, más del 90 % de las prestaciones gestionadas por la Seguridad Social han requerido ajustes adicionales, y cerca del 80 % ya han superado el gasto acumulado del ejercicio anterior.
Otras prestaciones que han requerido refuerzos significativos incluyen aquellas vinculadas al nacimiento y cuidado del menor, en parte relacionadas con la ampliación reciente de permisos retribuidos.
Aunque las pensiones contributivas siguen siendo la partida más voluminosa del sistema, su crecimiento en términos de modificaciones presupuestarias ha sido más contenido, pese al inicio de la jubilación de la generación del baby boom.
Un contexto de presión estructural sobre las finanzas públicas
A nivel agregado, el gasto en protección social ya representa el 18,7 % del PIB, con una clara tendencia al alza. Dentro de este bloque, las pensiones absorbieron cerca del 13 % del PIB y más del 30 % del gasto público total en 2025.
La evolución de la incapacidad temporal añade presión a un escenario en el que cada vez más recursos se destinan a prestaciones sociales y menos margen queda para absorber desviaciones sin recurrir a ajustes continuos de crédito.