
Rusia en la “zona de la muerte”: cinco años de guerra y una economía estancada
La guerra entre Rusia y Ucrania se acerca a su quinto año. Si bien el conflicto ha transformado profundamente la economía ucraniana, el impacto en la rusa también es significativo.
Durante los primeros meses de la invasión, muchos analistas pronosticaron un colapso económico rápido por las sanciones, el aislamiento financiero y las restricciones comerciales. Sin embargo, ese escenario no se ha materializado. La economía rusa no se desplomó, pero tampoco muestra señales claras de recuperación, entrando en lo que algunos comparan con la “zona de la muerte” de los alpinistas: un espacio donde el organismo sobrevive, pero se deteriora más rápido de lo que puede regenerarse.
Un crecimiento mínimo que refleja fragilidad estructural
Las cifras macroeconómicas reflejan un equilibrio precario. Según estimaciones recientes, el PIB ruso creció apenas un 1% en 2025, muy por debajo de los niveles previos al conflicto. Para 2026, organismos internacionales anticipan un crecimiento aún más moderado, limitado por la caída de ingresos energéticos, restricciones tecnológicas y sanciones persistentes.
Rusia ha evitado el colapso gracias a la combinación de exportaciones energéticas hacia Asia, gasto militar expansivo y controles financieros internos que estabilizan el sistema bancario. Sin embargo, este modelo sacrifica el desarrollo a largo plazo por la supervivencia inmediata.
Dos economías dentro del mismo país
El tejido productivo ruso se ha dividido en dos bloques diferenciados:
- Industria militar y sectores vinculados a defensa, que concentran inversión pública, recursos financieros y prioridad en trabajadores cualificados.
- Economía civil, que incluye pequeñas empresas, industria de consumo y servicios, y enfrenta restricciones, menor acceso a financiación y dificultades para importar tecnología avanzada.
Las estadísticas reflejan esta desigualdad: el sector manufacturero ruso creció un 18% en los últimos tres años, pero casi todo proviene de la producción militar. La industria civil, por el contrario, ha experimentado contracción durante el mismo período.
La dependencia de las rentas militares
El funcionamiento actual de la economía rusa se apoya en rentas militares: transferencias presupuestarias a empresas de defensa que generan empleo y actividad indirecta.
A diferencia de la década de 2000, cuando los ingresos energéticos internacionales financiaban múltiples sectores, ahora el gasto militar redistribuye recursos internamente, sosteniendo el crecimiento mediante reasignación de recursos más que por expansión real de productividad o comercio.
Deterioro de las finanzas públicas
El prolongado conflicto aumenta la presión sobre las cuentas públicas. En 2025, el déficit presupuestario alcanzó 5,6 billones de rublos (aprox. 2,6% del PIB), el mayor desde la crisis sanitaria global.
El aumento del gasto militar ha obligado a emitir deuda interna y utilizar fondos soberanos acumulados durante años de altos precios energéticos. Los intereses de la deuda podrían superar este año el gasto en educación y sanidad, evidenciando la presión fiscal creciente.
El impacto de los mercados energéticos
Los ingresos energéticos también se ven afectados: el petróleo Urals, principal referencia de exportación rusa, se negocia con descuentos de entre el 25% y 30% respecto al Brent, debido a sanciones, restricciones logísticas y mayores costos de transporte a Asia.
Como consecuencia, los ingresos fiscales por petróleo y gas cayeron casi a la mitad a comienzos de 2026, situándose por debajo de los 400.000 millones de rublos.
Un contexto global adverso
Factores internacionales complican aún más la situación: desaceleración económica en China, crecimiento moderado en Europa y tensiones comerciales globales reducen la demanda de materias primas. Para un país dependiente de los ingresos energéticos, esto agrava las dificultades económicas.
Rusia ha demostrado capacidad de resistencia, pero el estancamiento estructural plantea dudas sobre su sostenibilidad a largo plazo. Ni colapso ni recuperación: la economía rusa se mantiene en un equilibrio frágil y precario, similar a la zona de altitud extrema donde la supervivencia es posible, pero cada paso es un riesgo.