
El debate sobre “borrar deuda” vuelve a Europa, pero choca con el Banco Central Europeo
El aumento de la deuda reabre un viejo debate económico
La deuda pública vuelve a ocupar un lugar central en el debate económico europeo. Durante años, el bajo coste de financiación permitió aplazar la discusión sobre su sostenibilidad. Sin embargo, el contexto ha cambiado: los tipos de interés más altos han vuelto a poner el peso de los intereses en el centro de las cuentas públicas.
Al mismo tiempo, la Unión Europea afronta nuevas necesidades de gasto en ámbitos como defensa, inversión estratégica o autonomía industrial. Este escenario ha reactivado propuestas para reducir el peso de la deuda mediante mecanismos extraordinarios de reestructuración.
Según el informe Debt Sustainability Monitor 2025 de la Comisión Europea, la sostenibilidad fiscal sigue siendo un riesgo relevante en varios Estados miembros.
Niveles de deuda elevados en varios países
El problema no es uniforme, pero afecta a buena parte de la eurozona. En el caso de España, la AIReF señaló que la deuda pública cerró 2025 en el 100,8 % del PIB.
En este contexto, vuelve a aparecer una idea recurrente en momentos de fuerte endeudamiento: aliviar la deuda sin recurrir a grandes recortes presupuestarios ni a una inflación elevada.
La propuesta ha vuelto a circular en el debate económico tras ser recuperada por OMFIF (Official Monetary and Financial Institutions Forum), un think tank especializado en banca central y mercados financieros.

Las dos vías tradicionales para reducir deuda
Históricamente, los países han utilizado dos métodos principales para reducir el peso de la deuda pública:
- Superávits fiscales prolongados, es decir, gastar durante años bastante menos de lo que se ingresa.
- Erosión del valor real de la deuda mediante inflación o represión financiera.
Sin embargo, ambas opciones presentan dificultades políticas y económicas en el contexto actual. Europa discute actualmente más inversión, más gasto común y mayor integración financiera, no una política de austeridad prolongada.
La “tercera vía”: convertir deuda en bonos perpetuos
La propuesta analizada por OMFIF plantea una solución intermedia: transformar parte de la deuda soberana en bonos perpetuos a cupón cero que permanecerían de forma indefinida en el balance del sistema de bancos centrales del euro.
En términos prácticos, esto implicaría que:
- los Estados reducirían de facto su carga de deuda,
- los inversores evitarían una quita explícita,
- y las ratios de deuda podrían acercarse a niveles considerados más sostenibles, alrededor del 80 % del PIB.
El objetivo sería realizar una reingeniería financiera del balance del sistema europeo sin declarar un impago formal ni provocar un episodio de inestabilidad en los mercados.
El obstáculo del Banco Central Europeo
El principal problema de esta propuesta es que entra en conflicto con la arquitectura institucional de la zona euro.
El Banco Central Europeo (BCE) no tiene entre sus funciones la gestión estructural de la deuda pública. Su mandato principal es garantizar la estabilidad de precios.
Además, el artículo 123 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea prohíbe que el BCE o los bancos centrales nacionales financien directamente a los gobiernos o compren deuda pública de forma directa.
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha reiterado recientemente ante el Parlamento Europeo que el compromiso del banco central sigue siendo la estabilidad de precios, no la gestión del endeudamiento de los Estados.
El riesgo de convertir al BCE en árbitro fiscal
El debate también plantea una cuestión institucional más profunda. Si el banco central asumiera un papel permanente en la reestructuración de deuda soberana, podría producirse lo que los economistas llaman dominio fiscal: una situación en la que la política monetaria termina subordinada a la sostenibilidad de las finanzas públicas.
En ese escenario, el BCE dejaría de actuar exclusivamente como autoridad monetaria para convertirse también en actor central en la gestión fiscal de los Estados miembros, algo políticamente sensible dentro de la eurozona.
El coste oculto de una operación de este tipo
La propuesta de OMFIF sugiere que el coste de la operación podría absorberse mediante los ingresos futuros de señoreaje del sistema europeo.
El señoreaje es el beneficio que obtiene el banco central por la emisión de dinero. Sin embargo, ese colchón tampoco es ilimitado. Según las cuentas del BCE de 2025, la institución registró pérdidas y no distribuyó beneficios, lo que limita el margen para utilizar su balance como amortiguador fiscal.
Un debate que refleja las tensiones del modelo europeo
Por ahora, la cancelación o transformación de deuda pública sigue siendo más un debate académico y político que un plan institucional concreto.
En la práctica, el debate entre los ministros de Finanzas de la eurozona se ha orientado hacia otras opciones:
- mayor emisión de deuda conjunta europea,
- más integración financiera,
- y la posible creación de un activo seguro europeo que refuerce el papel internacional del euro.
La discusión sobre “borrar deuda” reaparece periódicamente porque refleja una tensión estructural: Europa necesita financiar más gasto sin romper las reglas fiscales y monetarias que sostienen la unión monetaria.