
España retrasa la jubilación y bate récord de trabajadores senior… pero el paro se dispara
Récord histórico de trabajadores senior en activo
Las reformas orientadas a retrasar la jubilación y limitar las salidas anticipadas ya están teniendo un efecto visible en el mercado laboral español.
En 2025, España alcanzó un máximo histórico con 5,3 millones de personas entre 55 y 70 años en la población activa, lo que representa el 21,2% del total, según el Instituto Nacional de Estadística.
Más allá del volumen, el dato más relevante es la tasa de actividad, que ha escalado hasta el 52,8%, también en niveles récord. Esto confirma un cambio estructural: los trabajadores mayores permanecen más tiempo en el mercado laboral y retrasan su salida.
Más participación, pero con menor integración
El aumento de la actividad no se traduce automáticamente en una mejor situación laboral.
De los 5,3 millones de seniors activos:
- 4,7 millones están ocupados
- Representan aproximadamente el 21% del total de trabajadores
- La tasa de ocupación se sitúa en el 90,2%
Aunque elevada, esta cifra sigue por debajo de los niveles previos a la crisis financiera. En 2006, la tasa alcanzaba el 94%, lo que indica que la integración laboral de este colectivo es hoy más débil que en el pasado.
El paro senior se duplica en dos décadas
El dato más preocupante es la evolución del desempleo.
La tasa de paro entre mayores de 55 años ha pasado del 5,5% antes de la crisis al 9,8% en 2025, lo que supone prácticamente duplicarse.
En términos absolutos:
- 2006: 127.000 parados senior
- 2025: más de 513.000
Esto refleja una realidad clara: hay más personas mayores dispuestas a trabajar, pero no todas encuentran empleo.
Según análisis de BBVA Research, por primera vez la tasa de paro de este colectivo supera ligeramente a la de la franja central (25-54 años), rompiendo una tendencia histórica.
El impacto de las reformas laborales
Durante años, las prejubilaciones fueron una herramienta habitual para ajustar plantillas. Sin embargo, el envejecimiento de la población y la presión sobre el sistema de pensiones han cambiado esta dinámica.
Las reformas impulsadas desde 2010 han:
- Endurecido el acceso a la jubilación anticipada
- Incentivado la prolongación de la vida laboral
El resultado ha sido un aumento de casi 20 puntos en la tasa de actividad de los mayores de 55 años en dos décadas, según BBVA Research.
Un relevo generacional más débil
Este aumento de la participación senior ha compensado en parte la menor presencia de jóvenes en el mercado laboral.
En 2025:
- Menores de 25 años activos: 1,8 millones
- En 2006: 2,5 millones
La caída se explica principalmente por el descenso de su tasa de actividad, que ha pasado del 52% al 37%, debido en gran medida a la prolongación de los estudios.
Una anomalía frente a otros países
El caso español presenta una particularidad respecto a otras economías avanzadas.
Mientras en países como Estados Unidos la participación de trabajadores senior ha disminuido tras la pandemia, en España ha seguido aumentando.
Esto plantea un desafío diferente: no tanto evitar la salida prematura del mercado laboral, sino integrar a un número creciente de trabajadores mayores.
Edadismo y barreras al empleo
Uno de los principales obstáculos para este colectivo es la dificultad para reinsertarse tras perder el empleo.
Informes de la OCDE alertan del impacto del edadismo la discriminación por edad en el mercado laboral.
Entre los factores que dificultan su contratación destacan:
- Preferencia por perfiles más jóvenes
- Expectativas salariales más bajas en otros candidatos
- Necesidad de actualización de competencias en sectores en transformación
Una paradoja laboral en crecimiento
España afronta una situación compleja: nunca ha habido tantos trabajadores senior activos, pero tampoco tantos con dificultades para encontrar empleo.
Las reformas han logrado prolongar la vida laboral, pero el reto ahora es garantizar que esa permanencia se traduzca en empleo real y sostenible.
El desafío pendiente
El mercado laboral español se enfrenta a un reto estructural: adaptar sus políticas para integrar a una población activa cada vez más envejecida.
Sin medidas específicas como formación continua, incentivos a la contratación o lucha contra el edadismo, el riesgo es que la prolongación de la vida laboral derive en un aumento de la precariedad en edades avanzadas.