EE. UU. renuncia a mejorar la vida de su clase media para seguir creciendo: ¿camino que seguirá también España?

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Durante décadas, el consumo de la clase media fue el gran motor de la economía estadounidense. Sin embargo, algo esencial ha cambiado: el crecimiento ya no depende de la mayoría, sino del gasto del 10 % más rico.
Según Moody’s Analytics, citado por The Wall Street Journal, casi la mitad del consumo total de EE. UU. proviene de los hogares más acomodados, frente al 36 % de hace tres décadas. Es una transformación profunda que pone en jaque el viejo “Sueño Americano™”.


Los ricos tiran del carro (mientras los demás frenan)

Los datos son claros. Mientras las rentas altas aumentaron su consumo un 12 % en el último año, las familias medias y trabajadoras lo redujeron. Los salarios reales apenas avanzan, la vivienda se encarece y el crédito deja de ser tan accesible como durante la pandemia.

El 10 % de los hogares con ingresos superiores a 250.000 USD anuales ha mantenido su ritmo de gasto gracias a la revalorización de sus activos bolsa, vivienda, fondos privados. Restaurantes de lujo llenos, auge en los viajes “premium” y récord de ventas de coches eléctricos de alta gama reflejan esa nueva realidad.

El resultado: la economía crece, pero no mejora la vida de la mayoría. EE. UU. depende cada vez más de los más ricos, cuyo consumo representa ya cerca del 30 % del PIB, una concentración sin precedentes que plantea un modelo de crecimiento desigual y frágil.


Una economía de récord… pero más desigual que nunca

El país que inventó la movilidad social ahora vive una paradoja. El exceso de capital se concentra arriba, mientras los empleos tradicionales desaparecen.
Un dato simbólico lo ilustra: hoy en EE. UU. existen más fondos de inversión privada (más de 19.000) que restaurantes McDonald’s (unos 14.000), según Bloomberg. Es un reflejo de cómo el capital financiero ha desplazado al comercio tradicional como generador de riqueza… y también de desigualdad.

Las nuevas fortunas proceden de sectores como la tecnología, la sanidad, la educación superior o los servicios financieros, donde se concentran los sueldos más altos. Así, el país sigue creciendo, pero con una brecha social cada vez más profunda.


¿Un espejo para España?

España empieza a mostrar síntomas preocupantes de esa “elitización económica”:

  • Las rentas más altas y los jubilados con patrimonio sostienen buena parte del consumo.
  • La vivienda se ha convertido en el principal foco de desigualdad entre generaciones.
  • El capital privado crece más rápido que la economía real.
  • Y el PIB aumenta más por población que por productividad.

El resultado es familiar: un país que crece en los titulares, pero no en los bolsillos.
Si el modelo estadounidense demuestra que se puede crecer sin fortalecer la clase media, otros países España incluida podrían verse tentados a seguir ese camino. Pero hacerlo significa renunciar a la prosperidad compartida.


Cuando el lujo se convierte en motor

Si el crecimiento depende solo de los más ricos, el sistema se vuelve vulnerable.
Cuando los pobres no pueden gastar, el consumo se resiente. Pero cuando los ricos dejan de hacerlo, la economía entera se detiene.

El futuro podría parecerse menos a un país de oportunidades y más a un país donde unos pocos gastan por todos. Una economía más desigual, más dependiente y, en última instancia, más frágil.

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