
EE.UU. tiene un plan B para ganarle la carrera lunar a China: cambiar la nave de Elon Musk por la de Jeff Bezos.
En Washington crece la preocupación: la carrera por volver a la Luna parece escaparse de las manos. Mientras China avanza a paso firme hacia una misión tripulada antes de 2030, el programa Artemis de la NASA se tambalea. El mayor reto es la Starship de Elon Musk: cada vez menos voces confían en que estará lista a tiempo para llevar astronautas estadounidenses a la superficie lunar.
Un plan B en la sombra
Según una investigación de Eric Berger, veterano reportero espacial, la NASA contempla una alternativa para cumplir con la prioridad de la Casa Blanca: llegar a la Luna antes que China. Y esa alternativa no es la Starship, sino la nave rival de Jeff Bezos.
La desconfianza hacia los plazos de Musk —quien ha declarado que su meta real es Marte, no la Luna— ha llevado a la NASA a reconsiderar sus cartas. El multimillonario contrato para desarrollar Starship HLS fue un gran paso, pero los retrasos han abierto la puerta a otra opción.
El trasfondo: una carrera lunar estratégica
El sueño lunar estadounidense se apoya en el programa Artemis III, previsto inicialmente para 2027. El plan combina el cohete SLS y la nave Orion, pero depende de la Starship para el alunizaje. El problema: la Starship necesita repostar combustible criogénico varias veces en órbita, un proceso complejo y propenso a retrasos.
Este diseño puso todos los huevos en la cesta de SpaceX, una decisión que Blue Origin, la empresa de Bezos, denunció. Ahora Bezos tiene la oportunidad de revertir la situación.
La apuesta de Blue Origin
La solución propuesta por Bezos pasa por su módulo de alunizaje Blue Moon Mark 1, originalmente diseñado para carga. Adaptado para tripulación, podría completar la misión lunar sin repostar en órbita: varios módulos descenderían a la superficie, recogerían a los astronautas y regresarían a Orion. Un método más sencillo y rápido, con la posibilidad de ejecutarse antes de 2030.
Por qué es una carrera contra China
Para Washington, esto no es solo un desafío tecnológico: es una cuestión estratégica y política. China ya prepara misiones tripuladas a la Luna, y la Casa Blanca quiere demostrar que Estados Unidos sigue liderando la exploración espacial. Incluso ha adelantado Artemis II y vetado a ciudadanos chinos en reuniones de la NASA.
Más allá del orgullo nacional, la carrera lunar tiene implicaciones económicas y geopolíticas: quien establezca la primera base funcional en la Luna dominará sus recursos estratégicos. Con el plan A de SpaceX en duda, el plan B de Bezos cobra fuerza como la carta que Estados Unidos podría jugar para ganar la partida.