
En España, el origen pesa más que el esfuerzo: el ascensor social está averiado
Un reciente informe de la OCDE, To Have and Have Not: How to Bridge the Gap in Opportunities, confirma lo que muchos perciben: en España, las oportunidades dependen más del origen que del esfuerzo individual. Más del 35 % de la desigualdad de ingresos se explica por circunstancias heredadas —un porcentaje muy superior a la media europea, que ronda el 25 %.
Esto sitúa a España en la lista de países ricos donde el origen familiar y territorial condicionan más el futuro económico, a niveles similares a Estados Unidos, Portugal o Rumanía. El estudio señala que la educación y ocupación de los padres son factores decisivos para el destino económico de una persona, y que incluso el código postal puede marcar diferencias notables en oportunidades y renta.
Brecha generacional: los jóvenes en desventaja
La desigualdad se intensifica para las nuevas generaciones. El paro juvenil sigue siendo alto —26,9 % en 2024—, y aunque ha bajado recientemente, la recuperación es frágil. Además, un 36,2 % de los jóvenes ocupados están sobrecualificados y el acceso a la vivienda es cada vez más difícil: la emancipación media se retrasa a los 30 años, cuatro años más que la media europea.
Esto crea un bloqueo estructural: más formación no garantiza ascenso social cuando el mercado laboral es precario y el acceso a la vivienda complicado. Por ello, crece la sensación de que el éxito depende más del origen o los contactos que del esfuerzo propio.
Lo que funciona: lecciones de otros países
Los países con mayor igualdad de oportunidades, como Islandia, Dinamarca o Finlandia, destacan por su fuerte inversión en infancia, educación inclusiva y fiscalidad redistributiva. Estos mecanismos logran reducir la brecha intergeneracional, un camino que España aún tiene pendiente.
El reto de España
El Gobierno ha lanzado medidas como el bono de alquiler joven y ayudas a la compra de vivienda, además de programas como la Garantía Juvenil Plus. Sin embargo, la OCDE advierte que sin una apuesta estructural por la educación, la cohesión territorial y una fiscalidad más justa, el ascensor social seguirá averiado para las próximas generaciones.
En España, el punto de partida pesa más que el esfuerzo, y el reto es revertir esa tendencia.