España lidera la dualización educativa en la OCDE mientras Portugal reduce la brecha social entre centros

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España lidera la brecha educativa en la OCDE: la pública concentra al alumnado más vulnerable frente a la concertada

La brecha educativa en la península ibérica es cada vez más pronunciada. Los últimos análisis basados en los datos de PISA 2022 sitúan a España como el país con mayor distancia socioeconómica entre el alumnado de la red pública y el de la concertada dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En contraste, Portugal presenta un patrón inverso, con una distribución más equilibrada y, en algunos indicadores, con mayor presencia de alumnado vulnerable en centros concertados financiados con fondos públicos.


El índice ISEC: cómo se mide la desigualdad

El estudio elaborado por Save the Children, a partir del índice ISEC de la OCDE, permite cuantificar esta fractura.

El ISEC mide el estatus económico, social y cultural del alumnado mediante:

  • Nivel educativo de los progenitores.
  • Situación laboral familiar.
  • Recursos materiales del hogar.

La media de la OCDE se sitúa en cero. Los valores positivos indican ventaja socioeconómica, mientras que los negativos reflejan mayor vulnerabilidad.


España registra la mayor brecha del entorno desarrollado

Los datos correspondientes a 2022 muestran que en España la diferencia entre el perfil socioeconómico del alumnado de la concertada y el de la pública alcanza 0,48 puntos en el índice ISEC, siempre a favor de la red concertada.

Se trata de la distancia más elevada entre los países con una presencia significativa de este modelo mixto. Ninguna otra nación con más del 5% de alumnado en centros concertados presenta una separación comparable.

Este diferencial indica que:

  • El alumnado con mayor capital cultural y económico se concentra en la concertada.
  • La escuela pública asume una proporción superior de estudiantes con menos recursos.
  • La segregación afecta al rendimiento medio y a la cohesión social.

El papel de las cuotas como filtro indirecto

Uno de los factores clave es el sistema de financiación.

Aunque la normativa prohíbe el cobro obligatorio por enseñanza reglada, distintos estudios señalan que entre el 81% y el 95% de las familias en la concertada realizan aportaciones anuales de entre 680 y 860 euros, según la etapa.

Estas cuotas:

  • Representan cerca del 20% de los ingresos de muchos centros.
  • Funcionan como barrera económica indirecta.
  • Limitan el acceso de familias con menor renta.

Portugal: una concertada sin segregación por renta

El modelo portugués ofrece un contraste significativo. En este país, la diferencia en el índice ISEC es de 0,29 puntos, pero a favor de la educación pública.

Esto implica que el alumnado con mayor estatus socioeconómico se concentra, en mayor medida, en la red pública.

La clave está en los llamados contratos de asociación:

  • Centros privados y cooperativos financiados por el Estado.
  • Prohibición de cobrar cuotas en enseñanza obligatoria.
  • Función de cobertura en zonas sin oferta pública.

La consecuencia es una distribución del alumnado basada en criterios territoriales, no económicos.


Comparación con otros sistemas educativos

Los datos de la OCDE muestran que la concertada no implica necesariamente segregación.

En Países Bajos y Reino Unido, donde más del 65% del alumnado estudia en centros financiados públicamente y gestionados de forma autónoma, la brecha socioeconómica es mínima.

En estos casos:

  • La financiación pública es completa.
  • No se permiten cuotas en la educación básica.
  • La concertada forma parte estructural del sistema.

En el extremo opuesto se sitúa Colombia, donde la distancia entre redes es elevada y el sistema presenta una fuerte estratificación social.


Impacto sobre el rendimiento y la movilidad social

La segregación por nivel socioeconómico no solo afecta a la composición de las aulas, sino también a los resultados.

Los estudios internacionales coinciden en que:

  • La concentración de alumnado vulnerable amplifica las desigualdades.
  • Dificulta la mejora del clima educativo.
  • Reduce las expectativas académicas.
  • Limita la movilidad social.

Por el contrario, la mezcla social se asocia con mejores resultados globales y mayor equidad.


Un reto estructural para el sistema español

El caso español refleja un problema de diseño institucional y financiación que se ha consolidado durante décadas.

La combinación de:

  • Cuotas encubiertas,
  • Planificación territorial desigual,
  • Competencia entre centros,
  • Escasa redistribución del alumnado,

ha generado un sistema dual en el que el origen social pesa más que en la mayoría de países del entorno.

La comparación con Portugal y otros modelos europeos indica que la segregación no es inevitable, sino consecuencia de decisiones políticas y normativas.

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