
España crece, pero las empresas pierden impulso: los beneficios avanzan menos que los salarios y el PIB
España presenta en 2025 un cuadro macroeconómico difícil de discutir a primera vista. El crecimiento del PIB se mantiene por encima del de buena parte de la zona euro, el empleo continúa avanzando y los grandes indicadores agregados apuntan a una economía resistente. Sin embargo, este relato optimista se debilita cuando se analiza con más detalle la situación del tejido empresarial, responsable de buena parte del empleo y de la inversión del país.
La evolución de los beneficios empresariales ofrece una señal de alerta que no debería pasarse por alto. Aunque siguen creciendo, lo hacen a un ritmo claramente inferior al de hace un año y, lo que resulta más relevante, por debajo del crecimiento de los salarios y del propio PIB nominal. Esta desconexión entre fortaleza macroeconómica y rentabilidad empresarial plantea dudas sobre la sostenibilidad del actual modelo de crecimiento.
Los beneficios pierden velocidad en plena expansión económica
Los datos de la Contabilidad Nacional reflejan una desaceleración evidente de los resultados empresariales. En los tres primeros trimestres de 2024, el crecimiento interanual medio del excedente bruto de explotación el indicador que aproxima los beneficios empresariales se situaba cerca del 7%. En el mismo periodo del año actual, ese avance se ha reducido hasta el 3,6%, lo que supone prácticamente dividir por dos el ritmo de crecimiento.
Además, este indicador muestra una trayectoria descendente desde los máximos alcanzados en 2023. No se trata de una caída brusca, pero sí de una pérdida progresiva de impulso que contrasta con la narrativa de fortaleza económica generalizada.
Salarios, impuestos y PIB crecen más que la rentabilidad empresarial
La señal es más clara cuando se compara la evolución de los beneficios con otras magnitudes clave. Entre enero y septiembre, el salario medio por trabajador aumentó un 6,9%, mientras que los ingresos fiscales ligados a la actividad económica crecieron un 6,2%. Ambas cifras superan con claridad el avance de los resultados empresariales.
También el PIB nominal, con un crecimiento del 5,5%, se sitúa por encima del incremento de los beneficios. En términos relativos, esto implica que el peso de las empresas en la generación de riqueza nacional se está reduciendo, una dinámica poco habitual en fases de expansión económica y que rompe con patrones históricos.
Una pérdida de peso que viene de lejos
La evolución reciente no es un fenómeno aislado. En los últimos cinco años, los beneficios empresariales han perdido más de tres puntos porcentuales en relación con el PIB. En condiciones normales, la rentabilidad de las empresas tiende a crecer al menos al mismo ritmo que la economía, ya que es la base que sostiene la inversión y la mejora de la productividad.
El desfase actual se explica por el encarecimiento de múltiples factores de producción: mayores costes energéticos, presión salarial creciente y un aumento significativo del coste de financiación tras la subida de los tipos de interés. Todo ello en un contexto en el que los ingresos avanzan con menor fuerza, estrechando los márgenes.
La desaceleración también se aprecia en el dato trimestral
El análisis por trimestres confirma que la pérdida de impulso es persistente. En el primer trimestre del año, el excedente bruto de explotación creció un 1,7% respecto al cierre de 2024. En el segundo, el avance se redujo casi por completo hasta el 0,1%, y en el tercero apenas repuntó al 0,6%.
Este comportamiento contrasta con el del ejercicio anterior, cuando los incrementos trimestrales fueron sensiblemente más elevados, incluso descontando algún ajuste puntual.
Hacienda también anticipa un enfriamiento de los resultados
Las estimaciones de la Agencia Tributaria refuerzan esta lectura. Tras un crecimiento de los beneficios cercano al 9,7% en 2024, para 2025 se proyecta un avance en torno al 2,2%. Aunque las metodologías difieren combinando datos del Impuesto sobre Sociedades, IVA y retenciones, la señal es consistente: la rentabilidad empresarial se está enfriando.
Por qué la caída de los márgenes es una mala señal económica
Conviene recordar que el beneficio empresarial no es solo ganancia para el consumo privado. Es el margen necesario para cubrir el coste del capital, que ha aumentado con la subida de los tipos de interés, asumir la carga fiscal y compensar el riesgo de la inversión.
Cuando la rentabilidad se debilita, la empresa pierde capacidad para invertir, innovar y sostener el crecimiento a medio plazo. Por eso, la erosión de los márgenes no es solo un problema privado, sino un factor que condiciona el futuro de la economía.
La inversión sigue sin recuperar niveles prepandemia
La evolución de la inversión confirma esta tensión. La inversión en bienes de equipo mantiene un tono débil y aún no ha recuperado plenamente los niveles previos a la pandemia. Persisten obstáculos estructurales como rentabilidades ajustadas, incertidumbre geopolítica, financiación exigente y un entorno regulatorio complejo.
Aunque algunos sectores muestran signos de mejora, las decisiones de inversión siguen dominadas por la cautela. Y mientras la economía crece, la base empresarial que debe sostener ese crecimiento lo hace con cada vez menos margen. Esa es la señal que empieza a preocupar a los analistas.
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