
La deuda de Cuba con empresas españolas supera los 300 millones y amenaza con agravarse
La prolongada crisis económica de Cuba sigue pasando factura a las empresas extranjeras con presencia en la isla, especialmente a las españolas. A este escenario ya complejo se suma un factor de riesgo adicional: una posible escalada geopolítica con Estados Unidos que podría empeorar aún más la situación.
Más de 300 millones en riesgo para empresas españolas
El principal problema radica en el elevado volumen de deuda acumulada por el Estado cubano. Según la Oficina Económica y Comercial de España en La Habana, el pasivo reconocido asciende a unos 256 millones de euros.
Sin embargo, esta cifra no refleja el impacto real. A ella se suman otros importes bloqueados —como dividendos retenidos o pagos derivados de operaciones comerciales— que no pueden ser transferidos fuera del país.
Al incluir estos conceptos, el impacto total supera los 300 millones de euros y podría situarse en torno a los 330 millones.
Una deuda que apenas crece, pero no se resuelve
Los datos muestran que el volumen de impagos apenas ha variado en el último año, con un incremento marginal del 0,1%. No obstante, esta aparente estabilidad oculta un problema estructural: una parte relevante de los fondos no se contabiliza formalmente como deuda, pese a no estar disponible para las empresas.
Entre estos importes destacan:
- Cerca de 40 millones de euros en dividendos retenidos
- Más de 20 millones procedentes de operaciones comerciales
- Más de 10 millones en cuentas vinculadas a pagos de entidades estatales
Estos fondos permanecen bloqueados dentro del sistema financiero cubano, sin posibilidad de repatriación.
Empresas afectadas: concentración y vulnerabilidad
El análisis se basa en una encuesta enviada a 930 empresas españolas con intereses en Cuba, con una tasa de respuesta cercana al 20%.
Este bajo nivel de participación refleja también la delicada situación del tejido empresarial: un número significativo de compañías se encuentra en proceso concursal como consecuencia directa de los impagos.
Entre las empresas que sí respondieron, la mayoría reconoce deudas pendientes con el Estado cubano, originadas principalmente entre 2017 y 2019, en plena fase de deterioro económico del país.
Geográficamente, Cataluña, Madrid y País Vasco concentran más de dos tercios de las compañías afectadas.
Por tamaño:
- Las medianas empresas son las más expuestas, con deudas medias cercanas a los 2 millones de euros
- Las microempresas, aunque con menores importes, sufren un impacto proporcional mucho mayor
Turismo y transporte, los sectores más golpeados
El impacto no es homogéneo. Sectores como el turismo y el transporte aéreo concentran buena parte de los problemas.
Las cadenas hoteleras españolas, con fuerte presencia en la isla, han tenido que ajustar su actividad ante la caída de la demanda internacional. La reducción del turismo —especialmente desde Canadá— ha obligado a cerrar hoteles o redistribuir operaciones.
Por su parte, las aerolíneas han modificado rutas debido a la escasez de combustible, incorporando escalas adicionales en otros países del Caribe para garantizar sus vuelos.
Estas dificultades operativas se suman a los impagos, generando un entorno de alta incertidumbre.
Embargo, energía y falta de liquidez
El endurecimiento del embargo estadounidense ha agravado la situación al limitar el acceso de Cuba a financiación y suministros energéticos.
La reducción del crudo procedente de países como Venezuela o México ha provocado una crisis energética que afecta directamente a sectores clave de la economía.
La escasez de combustible impacta en el transporte, la industria y el turismo, reduciendo la actividad económica y, con ello, la capacidad del Estado para cumplir sus obligaciones financieras.
¿Existen soluciones?
Ante este escenario, se plantean mecanismos como la conversión de deuda en inversión, impulsados desde España.
Estos programas permitirían compensar parte de los impagos mediante proyectos estratégicos en la isla. Sin embargo, su viabilidad depende de factores clave como la estabilidad política, la recuperación económica y la confianza internacional.
Por ahora, el contexto sigue siendo altamente incierto y el riesgo para las empresas españolas continúa creciendo.