Los hogares aún no han recuperado lo perdido desde 2021 y la guerra de Irán amenaza con otro golpe al bolsillo

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Los hogares aún no han recuperado lo perdido desde 2021: la guerra en Irán amenaza con otro golpe al bolsillo

La inflación se moderó, pero el poder adquisitivo sigue sin recuperarse

Durante los últimos meses, la principal noticia económica parecía ser la moderación de la inflación. España comenzó 2026 con un ritmo de subida de precios mucho menor que el registrado durante los peores momentos de la crisis inflacionaria.

Sin embargo, esa mejora no significa que las familias hayan recuperado lo perdido. La inflación acumulada desde 2021 ha dejado una brecha importante entre precios y salarios.

Según datos citados por El País a partir del Instituto Nacional de Estadística, el Índice de Precios de Consumo (IPC) de enero de 2026 se situaba 18,4 puntos por encima del nivel de enero de 2021, con un aumento similar en la inflación subyacente.

Mientras tanto, los salarios han crecido menos:

  • Entre enero de 2021 y enero de 2024 aumentaron un 12,3 %.
  • Posteriormente se sumaron las subidas salariales pactadas en convenio durante 2025.

El resultado es claro: aunque la inflación se ha moderado, la pérdida acumulada de poder adquisitivo aún no se ha compensado completamente.

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Los gastos básicos pesan cada vez más

La presión inflacionaria no afecta por igual a todos los productos. Los aumentos de precios han sido especialmente intensos en los gastos esenciales de los hogares:

  • alimentación
  • energía
  • vivienda

Estos componentes tienen un peso elevado en el presupuesto familiar, por lo que cualquier aumento adicional impacta directamente en la economía doméstica.

En particular, los alimentos acumulan fuertes subidas desde el inicio de la crisis inflacionaria: entre 2021 y 2026 los precios de la comida han aumentado un 26,8 %, con incrementos aún mayores en algunos productos básicos.

Esto hace que muchos hogares sean hoy más vulnerables a cualquier nuevo repunte de precios que hace cuatro o cinco años.

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El nuevo riesgo vuelve a venir de la energía

El conflicto con Irán ha vuelto a colocar el coste energético en el centro de las preocupaciones económicas.

El precio del petróleo ha superado recientemente los 119 dólares por barril, reactivando el temor a un nuevo repunte inflacionario en Europa. Analistas citados por agencias internacionales advierten de que un encarecimiento prolongado de la energía podría añadir hasta un punto porcentual a la inflación en economías como la eurozona.

Europa sigue siendo especialmente sensible a este tipo de shocks energéticos. Aunque España ha reducido parte de su dependencia energética respecto a crisis anteriores, no está aislada de un encarecimiento del petróleo, del gas o del transporte.

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Un contexto diferente al de la crisis de 2022

El escenario actual no es exactamente el mismo que el vivido tras la invasión rusa de Ucrania.

Según Eurostat, la inflación de la eurozona se situó en el 1,7 % en enero de 2026, mientras que la estimación preliminar para febrero la elevó al 1,9 %.

Esto significa que el posible shock energético llegaría en un contexto de desinflación, no en una economía ya desbordada por los precios como en 2022.

Aun así, el impacto podría ser significativo.

Un análisis del centro de estudios Funcas estima que, si el encarecimiento energético se prolonga durante varios meses, el IPC español podría superar ligeramente el 3 % hacia el verano, antes de moderarse posteriormente.

Digital trading screen showing rising prices of energy commodities including diesel oil, gasoline, natural gas, heating oil and crude oil

El verdadero riesgo: economías domésticas agotadas

El problema principal no es solo cuánto suba la inflación, sino en qué situación económica se encuentran los hogares cuando llega ese nuevo shock.

Tras varios años de subidas de precios:

  • la cesta de la compra pesa más en el presupuesto familiar
  • la energía sigue siendo un factor de vulnerabilidad
  • la vivienda absorbe una mayor parte de los ingresos

Cuando el encarecimiento energético vuelve a presionar, sus efectos no se limitan a la gasolina o la electricidad. También se trasladan al transporte, a los costes empresariales y, con el tiempo, a los precios de muchos productos.

Por eso el debate económico actual no se centra únicamente en si la inflación vuelve al 3 %, sino en que muchas familias españolas afrontan este nuevo episodio con menos poder adquisitivo real que antes de la gran sacudida inflacionaria de 2021-2022.

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