
Maersk, del dominio global al ajuste permanente: más de 14.000 despidos desde 2008 y presión geopolítica creciente
Durante más de un siglo, A.P. Moller-Maersk ha sido sinónimo de comercio global. Fundada en 1904 en Dinamarca como una pequeña naviera familiar, la compañía creció al ritmo de las grandes transformaciones económicas del siglo XX hasta convertirse en el mayor operador mundial de transporte de contenedores.
Hoy, sin embargo, la industria que impulsó su liderazgo atraviesa una fase muy distinta. El grupo ha anunciado más de 1.000 despidos adicionales en 2024 y 2025, que se suman a los aproximadamente 14.000 recortes acumulados desde la crisis financiera de 2008.
El ajuste confirma el final de una etapa de expansión sostenida y el inicio de un periodo marcado por la volatilidad, la sobrecapacidad y la presión geopolítica.
De la crisis financiera al ajuste estructural
La primera gran sacudida moderna llegó en 2008. El colapso del comercio internacional tras la quiebra de Lehman Brothers provocó una caída abrupta del transporte marítimo.
Maersk reaccionó entonces con un plan de ajuste que incluyó el despido de alrededor de 3.000 trabajadores y la reducción de actividad en varias regiones. Fue la primera señal clara de que incluso el gigante danés no era inmune a las crisis del sistema económico global.
Tras varios años de recuperación, la compañía volvió a crecer de forma acelerada durante el boom logístico de la pandemia. Entre 2021 y 2022, el desajuste entre oferta y demanda disparó las tarifas de flete y generó beneficios históricos.
Sin embargo, la normalización del comercio y la entrada masiva de nuevos buques provocaron un exceso de capacidad evidente. En 2023, Maersk anunció un nuevo plan de reestructuración que contemplaba entre 10.000 y 11.000 despidos a nivel mundial.
La empresa justificó entonces la medida por la caída de tarifas, el menor volumen transportado y la necesidad de ajustar una estructura sobredimensionada tras el pico extraordinario de ingresos.
La crisis del Mar Rojo y la presión geopolítica
Cuando el sector aún trataba de absorber la sobrecapacidad, irrumpieron nuevos factores desestabilizadores. La crisis de seguridad en el Mar Rojo obligó a muchas navieras, incluida Maersk, a desviar rutas hacia el Cabo de Buena Esperanza.
Estos trayectos más largos implicaron:
- Mayor consumo de combustible.
- Retrasos en las entregas.
- Incremento de costes operativos.
- Tensiones en las cadenas logísticas.
La presión geopolítica no solo ha encarecido las operaciones, sino que también ha alterado cadenas de suministro que durante décadas funcionaron bajo una lógica de globalización estable.
La fragmentación comercial, las tensiones entre grandes bloques económicos y la relocalización industrial han reducido la previsibilidad de la demanda.
En este contexto, la compañía ha confirmado más de 1.000 despidos adicionales vinculados a reorganizaciones internas y al estrechamiento de márgenes.
De pionera del contenedor a gigante bajo presión
La trayectoria histórica de Maersk explica la dimensión del desafío actual. Desde sus primeros pasos con la Compañía Naviera de Svendborg, hasta la creación de rutas regulares en los años veinte, la empresa apostó por una expansión constante.
Tras la Segunda Guerra Mundial, reconstruyó rápidamente su flota y se consolidó en el transporte de petróleo antes de abrazar definitivamente la revolución del contenedor en los años setenta.
La estandarización del contenedor transformó el comercio mundial y permitió crecimientos sostenidos durante décadas.
Durante ese periodo, Maersk:
- Adquirió competidores como P&O Nedlloyd.
- Integró terminales portuarias.
- Construyó algunos de los mayores buques del planeta.
- Consolidó su dominio global a mediados de los años 2000.
Pero ese mismo modelo se enfrenta ahora a límites estructurales. La entrada continua de megabuques en un contexto de menor crecimiento presiona las tarifas a la baja y reduce la rentabilidad.
Un sector con márgenes cada vez más estrechos
El cierre de 2025 con resultados negativos confirma que la etapa de beneficios extraordinarios ha quedado atrás. El transporte de contenedores ya no vive la expansión acelerada de décadas anteriores.
El sector opera hoy bajo nuevas condiciones:
- Competencia intensa.
- Exceso de capacidad.
- Demanda volátil.
- Mayor regulación ambiental.
- Costes crecientes.
En este entorno, la eficiencia operativa se ha convertido en una prioridad absoluta y los ajustes de plantilla se consolidan como una herramienta recurrente.
Conclusión
Más de un siglo después de su fundación, Maersk afronta uno de los periodos más complejos de su historia reciente. Desde 2008, más de 14.000 empleos han desaparecido en sucesivas oleadas de reestructuración.
La combinación de crisis económicas, sobrecapacidad y tensiones geopolíticas ha puesto fin a la era de crecimiento casi ininterrumpido del transporte de contenedores.
El gigante danés sigue siendo un actor central del comercio mundial, pero su futuro inmediato pasa por la contención de costes, la reorganización interna y la adaptación a un sistema global cada vez más fragmentado e imprevisible.