En 1979, cuando Microsoft trasladó su sede a Seattle, Bill Gates decidió conducir su Porsche 911 en lugar de volar: un trayecto de aproximadamente 2.000 kilómetros desde Albuquerque hasta su nuevo destino.
Este viaje de 2.000 km combina la pasión por los coches deportivos con los primeros días de la historia de una empresa que cambiaría el mundo.

Bill Gates y su obsesión por los Porsche
A finales de los 70 y principios de los 80, Bill Gates no solo era un genio de la programación, sino también un apasionado de la velocidad. Su coche favorito: los Porsche, superdeportivos que combinaban ingeniería avanzada con potencia brutal.
Un récord muy particular: tres multas en un solo viaje
Conducir un Porsche 911 no es tarea fácil: es sencillo superar los límites de velocidad. Gates lo comprobó en 1979, cuando decidió conducir él mismo su Porsche 911 desde Albuquerque a Seattle, un trayecto de 2.000 km, tras el traslado de la sede de Microsoft.
- Durante el viaje, acumuló tres multas por exceso de velocidad, dos de ellas del mismo agente, que comenzó a seguirle tras detectar su velocidad.
- Este comportamiento se sumaba a sus aventuras anteriores, como la detención en 1977 por saltarse un stop y conducir sin licencia en Albuquerque, de la que salió gracias a la fianza puesta por Paul Allen, su socio.
Liberando estrés en el desierto
Antes de mudarse a Seattle, Gates solía conducir a gran velocidad por el desierto de Nuevo México, tras largas jornadas de programación. Sus escapadas nocturnas y derrapes eran frecuentes, y su entorno tenía que lidiar con las consecuencias de su entusiasmo por los superdeportivos.
Porsche 959: un superdeportivo pionero
En 1987, Gates encargó un Porsche 959, un vehículo de motor biturbo, tracción total y electrónica avanzada, capaz de alcanzar 317 km/h. Solo se fabricaron 337 unidades, convirtiéndolo en un coche de colección.
- La llegada a Estados Unidos se complicó: la aduana retuvo el coche durante 13 años, ya que no cumplía con las normas de seguridad del país. Gates pagó 28 dólares diarios, acumulando más de 133.000 dólares hasta que finalmente pudo conducirlo legalmente.
Más coches y diversión
Además de Porsches, Gates ha disfrutado de Ferrari, Jaguar y Mercedes-Benz. Su Ferrari 348 fue apodado “buggy de arena”, tras derrapes que hacía en la arena.
Hoy en día, se le ve conduciendo un Porsche Taycan eléctrico, demostrando que su pasión por la marca no ha disminuido.
Imagen | Flickr (First Minister of Scotland), Unsplash (Jeff Cooper)