EA y DICE lo han vuelto a hacer: preparan un nuevo Battlefield mientras cargan con un pasado repleto de aciertos técnicos y errores de diseño que los fans recuerdan demasiado bien.
Su historia está llena de juegos brillantes en lo visual y en lo jugable, pero también de decisiones cuestionables que tardaron meses —o incluso años— en corregirse.
Lo curioso es que, según todo apunta, esta vez son conscientes del problema desde el principio. Y no solo eso: parece que están construyendo el nuevo título con la solución integrada desde el arranque.
Los jugadores esperan que Battlefield recupere lo que siempre lo hizo grande: mapas épicos, combates intensos y sistemas de progresión equilibrados, sin caer en los errores de entregas anteriores como Battlefield V o 2042, que sufrieron por decisiones apresuradas y una mala comunicación con la comunidad.
Si EA y DICE cumplen con lo prometido, podríamos estar ante el renacimiento real de la saga. Pero claro, los veteranos del campo de batalla ya saben que con Battlefield nunca se puede cantar victoria hasta probarlo.

DICE, te quiero… pero siempre tropiezas con la misma piedra
Adoro los juegos de DICE. Son, sin exagerar, de mis favoritos. Les tengo un cariño enorme a casi todos, y quizá por eso mismo me frustra tanto ver que llevamos años viendo el mismo error repetirse una y otra vez.
O bien sus juegos llegan al mercado con algún añadido que nadie pidió, o lo incorporan después, cuando ya es demasiado tarde.
El caso Battlefront II: cuando el amor por Star Wars se topó con las lootboxes
Volvamos a 2017. El hype por Zelda: Breath of the Wild empezaba a enfriarse y todos estábamos con los ojos puestos en Star Wars: Battlefront II. El regreso de uno de los títulos más influyentes de nuestra infancia prometía ser épico.
Pero lo que nos encontramos fue un auténtico melón galáctico: las cajas de botín.
En aquel entonces, las lootboxes eran una novedad. La industria todavía experimentaba con nuevas formas de monetización, y EA se pasó de frenada. Tanto, que Battlefront II se convirtió en el punto de inflexión que unió a toda la comunidad gamer en contra de ese modelo de negocio.
El escándalo fue tal que provocó el comentario con más votos negativos en la historia de Reddit, acabó en los tribunales y forzó a EA y DICE a rediseñar completamente el sistema.
Con el tiempo, y tras muchas actualizaciones, el juego dio un giro de 180 grados: su sistema de progresión se desligó del azar y el resultado final fue una auténtica maravilla.
Una pena que ya no reciba actualizaciones, porque hoy sería uno de los shooters más sólidos del mercado.
Un juego que renació de sus errores
El cambio fue tan grande que, casi una década después, aún existen proyectos de repoblación de jugadores que buscan llamar la atención de EA para que vuelva la saga.
¿Y cuántos juegos pueden presumir de algo así? Muy pocos.
Tal vez No Man’s Sky o Cyberpunk 2077 lograron algo parecido. Pero el caso de Battlefront II sigue siendo un ejemplo de redención en toda regla.

Cuando Battlefield V intentó subirse al tren del battle royale (y llegó tarde a la fiesta)
No fue el único tropiezo de DICE, ni mucho menos.
En 2019, Battlefield V intentó sumarse a la moda del momento con un modo battle royale llamado Firestorm. Por aquel entonces, la industria triple A vivía obsesionada con el éxito brutal de Fortnite, y parecía que todo estudio quería su propio “clon” para no quedarse fuera del fenómeno.
El problema fue que los tiempos de desarrollo ya no cuadraban con la velocidad del mercado. Para cuando Firestorm vio la luz, la fiebre del battle royale empezaba a enfriarse y Fortnite dominaba con puño de hierro.
Aun así, hay que reconocer que Firestorm fue uno de los intentos más sólidos dentro de los BR improvisados. Visualmente espectacular, con el sello técnico de DICE y una jugabilidad que, sobre el papel, tenía mucho potencial. Pero llegó demasiado tarde.
El modo se lanzó muy avanzado en el ciclo de vida de Battlefield V, cuando gran parte de la comunidad ya había perdido interés, y el soporte oficial terminó cortándose poco después. Con la falta de actualizaciones y el desgaste natural de la moda, Firestorm acabó desapareciendo en silencio.
Una oportunidad perdida que reflejó un patrón habitual en EA y DICE: grandes ideas, excelente ejecución técnica… pero decisiones estratégicas que llegan fuera de tiempo.

Battlefield 2042: demasiadas ideas, poca identidad
En 2021, Battlefield 2042 llegó con la promesa de reinventar la saga… y terminó repitiendo algunos de los errores más clásicos de DICE.
El juego aterrizó repleto de experimentos no solicitados, como las habilidades únicas para cada operador, un sistema inspirado en títulos como Rainbow Six: Siege o los hero shooters tipo Overwatch.
La idea buscaba refrescar la experiencia, pero chocaba frontalmente con la identidad de la franquicia y su tradicional estructura de clases. Lo que debía ser una evolución se sintió más como una ruptura.
Y los problemas no se quedaron ahí. Incluso el clásico modo Conquista sufrió al intentar adaptarse a partidas con 128 jugadores, que resultaron caóticas, impersonales y con menos sensación de estrategia.
Hazard Zone, otra moda que no cuajó
DICE también quiso probar suerte con Hazard Zone, un modo de extracción pensado para seguir la estela de juegos como Escape from Tarkov o Hunt: Showdown.
El concepto prometía tensión y trabajo en equipo, pero la ejecución llegó tarde y sin una identidad clara. Ni convenció a los veteranos de Battlefield ni logró atraer a los jugadores que habían disfrutado de Firestorm.
El resultado fue inevitable: el modo fue abandonado oficialmente en 2022, apenas un año después del lanzamiento.
Reconducir el rumbo y mirar hacia el futuro
Desde entonces, DICE ha intentado reconducir Battlefield 2042 hacia una dirección más fiel a su esencia: batallas épicas, vehículos, y una estructura más cercana a los Battlefield clásicos.
El esfuerzo se nota, pero los resultados han sido discretos, y la comunidad sigue dividida entre quienes ven progreso y quienes piensan que la magia original aún no ha vuelto.
Ahora todas las miradas apuntan a Battlefield 6, cuyo lanzamiento está previsto para el 10 de octubre.
EA y DICE prometen haber aprendido de los errores del pasado y apuestan por un regreso a las raíces, con un enfoque más táctico, menos dependiente de modas y centrado en la experiencia multijugador total que hizo legendaria a la saga.
¿Será esta la redención definitiva de Battlefield? Los fans cruzan los dedos.

Este juego llega con una premisa que, a título personal, me parece absolutamente fascinante. Battlefield Studios —un conglomerado formado por tres equipos trabajando a nivel global bajo la dirección de Vince Zampella y compañía, siguiendo un modelo similar al de Call of Duty— introduce un nuevo problema que choca directamente con las expectativas de los jugadores… pero, curiosamente, también trae consigo una solución. Porque han aprendido la lección y saben cómo suele acabar la historia.
Me refiero, claro está, al «nuevo» sistema de clases. El juego se presenta con la promesa de volver al cuarteto clásico: asalto, ingeniero, apoyo y reconocimiento —la base que debería funcionar a la perfección en cualquier Battlefield. Sin embargo, aquí este sistema se divide en dos listas de juego distintas:
- La lista tradicional: cada clase conserva su armamento restringido, como siempre ha sido.
- La lista abierta: cualquier personaje puede equiparse con cualquier arma, rompiendo así la rigidez clásica del sistema de clases.
Es un movimiento arriesgado, porque toca directamente la identidad de la saga, pero también es una muestra de que DICE está escuchando a su comunidad. Y eso, sin duda, abre un nuevo capítulo en la evolución de Battlefield.

En la beta, al menos, esta última opción —la lista abierta— se consideraba la forma de juego por defecto. Era la primera que aparecía en los menús y no llevaba ningún indicador en el nombre. En cambio, la lista de juego para puristas venía con la coletilla “cerrada”: por ejemplo, “Conquista cerrada”. Esto no fue casualidad, sino una decisión implementada a raíz del feedback de la comunidad y discutida en múltiples comunicados desde la cuenta oficial de Battlefield en Twitter.
Y es algo positivo. Tener listas cerradas desde el lanzamiento es, francamente, un acierto. Pero, siendo honesto, me da la sensación de que nos hemos librado por los pelos de otra metedura de pata. Y eso, al final, beneficia a los jugadores.
Si la lista abierta no acaba siendo popular, imagino que acabará desapareciendo. Y no pasará nada: todos los que inviertan entre 70 y 100 euros habrán podido jugar desde el minuto uno a lo que realmente les gusta, sin quejas ni intentos de “reparación” posteriores. Pero ahí hay algo curioso: parece que todos los Battlefield acaban enfrentándose a problemas que, tarde o temprano, hay que corregir.
Innovar en videojuegos es complicado, más aún en una saga tan veterana como Battlefield, dentro de un género tan tradicional como el de los milsims. Y en una industria triple-A donde los riesgos se multiplican sin freno. No creo que sea justo señalar con el dedo a una sola persona o compañía como responsable: probablemente sea un dilema logístico o una cuestión de presiones de inversores. No lo sé. Lo único cierto es que ese problema existe.