En el ojo del huracán: los trabajadores de MercurySteam rompen su silencio sobre el mal ambiente en el estudio
En enero de 2025 algo cambió para siempre en MercurySteam, uno de los estudios más veteranos y reconocidos del desarrollo español. Fue entonces cuando la compañía introdujo el DIJ (Distribución Irregular de la Jornada), una medida interna que, junto con una serie de decisiones controvertidas en materia de recursos humanos, encendió los ánimos de la plantilla.
El resultado: semanas después, los trabajadores del estudio denunciaban públicamente la situación a través del sindicato del videojuego (CSVI), describiendo un ambiente laboral deteriorado, despidos recientes y malas prácticas que habrían hecho saltar por los aires la estabilidad del equipo.
Un estudio con historia, pero en crisis
Con sede en Madrid y más de 23 años de trayectoria, MercurySteam ha sido durante mucho tiempo uno de los grandes emblemas del videojuego español. Su currículum lo avala: Clive Barker’s Jericho (2007), Castlevania: Lords of Shadow (2010) o Metroid Dread (2021) son algunos de los hitos que colocaron al estudio en el mapa internacional.
Sin embargo, su último lanzamiento, Blades of Fire (2025), no ha cumplido las expectativas ni de crítica ni de ventas. Según varias fuentes internas, ese fracaso habría sido el detonante de los recientes cambios en las condiciones laborales y del clima de tensión que se vive en la oficina.
“Después del lanzamiento de Blades of Fire todo se torció. La dirección empezó a tomar decisiones sin consultar, los despidos se aceleraron y la presión se volvió insoportable”, relata uno de los empleados consultados.
Viejos problemas, nuevas tensiones
La situación actual no surge de la nada. Ya en 2020, la periodista Marta Trivi publicó en AnaitGames un reportaje en el que se describía una producción caótica, con empleados sin acreditar en los créditos finales y condiciones de trabajo difíciles.
Pero lo ocurrido en el último año va mucho más allá. En 3DJuegos hemos hablado con una decena de trabajadores y extrabajadores algunos de ellos miembros de la sección sindical para conocer de primera mano cómo se ha vivido desde dentro la crisis del estudio.
Entre los problemas más señalados están el crunch continuado, los recortes de plantilla y un aumento de la presión directiva tras el lanzamiento del último título.
“Hemos estado haciendo crunch durante meses, sin compensación y con miedo a perder el trabajo. Ya no se trata solo de cansancio, es ansiedad constante”, afirma otro empleado.
Una cultura de control y poca empatía
Incluso antes de 2025, la cultura interna de MercurySteam ya mostraba síntomas de rigidez y desconfianza. Los trabajadores describen una empresa con fuerte oposición al teletrabajo, donde las excepciones dependen más del cargo o de la simpatía de la dirección que de una política coherente.
“Es bien sabido que, si por la directiva fuera, eliminarían el teletrabajo”, comenta uno de los empleados. “Solo lo mantienen porque facilita la conciliación, pero depende de quién seas: hay gente en remoto todo el año y otros que apenas pueden usarlo”.
A ello se suman condiciones poco saludables en las oficinas, como la falta de luminosidad, una comunicación interna deficiente y una gestión que ignora las quejas del personal. “Cuando señalabas un problema, lo habitual era que te ignoraran”, recuerda otro miembro del estudio.
La tormenta perfecta
Lo que nadie imaginaba a finales de 2024 era la tormenta que se avecinaba. Con el nuevo sistema de Distribución Irregular de la Jornada (DIJ), los empleados aseguran que la empresa ganó flexibilidad a costa de su estabilidad: se modificaron horarios, se incrementaron las cargas de trabajo y se normalizó la disponibilidad fuera del horario habitual.
Poco después comenzaron los despidos, algunos sin previo aviso, y se instaló una sensación generalizada de miedo y desconfianza.
“El mensaje implícito es claro: si no te gusta, ya sabes dónde está la puerta. Y en la industria española, no hay muchas más”, resume uno de los entrevistados.
Un estudio en una encrucijada
Con todo esto, MercurySteam se encuentra en un punto de inflexión. Lo que durante años fue un símbolo de éxito del desarrollo español hoy enfrenta una crisis de reputación interna y externa.
Los trabajadores reclaman mejoras en la gestión, transparencia y condiciones laborales dignas. Mientras tanto, la dirección del estudio guarda silencio público sobre las acusaciones.
Lo que está claro es que, para muchos empleados, el miedo se ha convertido en parte del día a día, y eso como ellos mismos dicen no hay creatividad que lo soporte.
Enero de 2025: el inicio de las horas extra
A principios de enero, los trabajadores de uno de los dos equipos en los que estaba dividido MercurySteam recibieron una comunicación inesperada: la empresa iba a implantar, para algunos departamentos, el modelo DIJ (Distribución Irregular de la Jornada). Este sistema permite trabajar una hora adicional al día, es decir, jornadas de nueve horas diarias con un máximo de 45 horas semanales.
Según relatan varios empleados, la dirección justificó la medida apelando a “necesidades de producción”. Lo que en teoría debía ser una medida temporal se convirtió en el preludio de algo mucho mayor.
Mayo: cuando las jornadas alcanzaron las 10 horas
Meses después, el 5 de mayo, la dirección amplió el sistema a toda la empresa. Bajo la excusa de “un periodo intenso de entregas”, se comunicó que, además del DIJ, se harían horas extra en determinados departamentos. En la práctica, esto significó jornadas de hasta 10 horas diarias para buena parte de la plantilla.
El problema, denuncian los empleados, fue que nunca hubo comunicación oficial ni documentación escrita. Las instrucciones llegaban verbalmente a través de los jefes de departamento, que a su vez reconocían no disponer de información clara sobre cómo debía aplicarse la medida.
“Era una situación caótica, con muy poca transparencia. Ni siquiera los propios jefes sabían responder a nuestras dudas”, comenta uno de los afectados.
Falta de información y promesas vacías
Ante la creciente confusión, la empresa convocó una reunión con los trabajadores afectados. Muchos de ellos ya se habían documentado sobre la legislación laboral aplicable y detectaron rápidamente inconsistencias en las explicaciones de Recursos Humanos.
“Primero nos dijeron que las horas extra eran completamente obligatorias, sin diferenciar las del DIJ de las nuevas”, explica un empleado. “Se hablaba como si estuviéramos en una situación de catástrofe, usando términos exagerados para justificar una medida improvisada. Decían que nos pedirían las horas ‘sobre la marcha’, pero no había ningún sistema para registrarlas ni acordarlas por escrito, como exige la ley”.
Los trabajadores aseguran que la empresa nunca informó de que las horas extra eran voluntarias. Solo después de insistir en varias reuniones admitieron que no podían obligar a nadie a hacerlas, aunque para entonces muchos empleados ya acumulaban jornadas extendidas sin compensación ni claridad.
“La primera comunicación fue tajante: ‘tenéis que hacer horas extra sí o sí’. Solo más adelante, y tras mucha presión, reconocieron que eran voluntarias”, concluye otro compañero.
Mayo: la nueva normalidad de las diez horas diarias
“En todo momento se plantea como la nueva normalidad”, resume uno de los trabajadores.
De un día para otro, en MercurySteam se impusieron jornadas de diez horas diarias. Nadie explicó con claridad que una de esas horas correspondía al DIJ (que debía devolverse) y que la otra era opcional. En la práctica, ambas se presentaron como obligatorias.
Varios empleados coinciden en que la empresa se aprovechó del desconocimiento general sobre los derechos laborales para extender la medida sin apenas oposición.
“Les interesaba que nadie preguntara y todo el mundo hiciera diez horas”, afirma una trabajadora.
Aunque nunca se dijo abiertamente que las horas extra fueran obligatorias, los empleados relatan presiones sutiles pero constantes para “elegir” hacerlas.
“Te dejaban caer que si no querías hacerlas, se iban a apuntar los nombres de quienes no las hacían. Y aunque no estábamos obligados a dar explicaciones, muchas veces te las pedían igualmente”, recuerda un empleado.
“Por el bien del equipo”
Las apelaciones al compañerismo y al espíritu de equipo fueron constantes.
“Hasta mayo mucha gente ni siquiera sabía que otros departamentos estaban haciendo esas jornadas, porque no hay transparencia”, explica una de las trabajadoras. “Ese mes fue cuando todo explotó y se generalizó. Nos lo vendieron como la forma de remar todos a una”, añade otra.
La coincidencia con el lanzamiento de Blades of Fire el último videojuego del estudio no fue casual. La dirección insistía en que el esfuerzo colectivo era necesario para “sacar adelante el proyecto”, una narrativa que jugaba con el sentimiento de pertenencia que tradicionalmente ha caracterizado al estudio madrileño.
“El hecho de que apelaran al espíritu de equipo no fue casual”, coinciden varios entrevistados.
Un “Departamento de Personas y Cultura” sin recursos humanos
Buena parte de esta estrategia emocional, apuntan los trabajadores, tiene su origen en la propia gestión interna de la empresa. En MercurySteam, el departamento encargado de las relaciones laborales no se llama Recursos Humanos, sino “Departamento de Personas y Cultura”.
Una denominación que, según los entrevistados, busca proyectar una imagen cercana y moderna, pero que en la práctica sirve para diluir responsabilidades.
“No hay un verdadero departamento de RRHH. Es más una cuestión de imagen que de apoyo real a los empleados”, señala uno de ellos.
Además, pese a que la empresa comunicó que las horas extra se aplicarían a toda la plantilla, pronto se descubrió que no todos los equipos estaban sometidos al mismo régimen.
“Te levantabas para ir a otro departamento dentro de esas dos horas extra y no había nadie, porque ya se habían ido a casa”, ironiza un trabajador.
Permiso de paternidad y otros despidos
Uno de los trabajadores afectados relata su caso con claridad: explicó a la empresa que no podía realizar horas extra más allá del DIJ, que ya había aceptado porque su mujer tenía un embarazo de riesgo.
“Le comuniqué a mi lead que no iba a hacer horas extra, que quería pasar tiempo con mi mujer y que podrían contar conmigo una vez terminara la baja paternal”, explica.
A su jornada de nueve horas debía sumar dos horas diarias de desplazamiento, por lo que la decisión parecía razonable. Sin embargo, la respuesta que recibió fue, en sus palabras, una advertencia velada.
“La amenaza no estaba en lo que dijeron, sino en cómo lo dijeron”, recuerda.
El 8 de mayo, tras asistir a unas clases preparatorias para el parto actividad de la que la empresa estaba informada, fue despedido. Coincidió, además, con dos días antes de que finalizara su periodo de prueba, lo que permitía a MercurySteam cesarlo sin justificación formal.
En la transcripción de la reunión mantenida con el abogado de la empresa, se recoge la siguiente explicación:
“(…) Tenéis unas necesidades especiales y ha habido, bueno, un esfuerzo que se está pidiendo a la plantilla, y lo que considera [nombre omitido] es que no estás comprometido con ese esfuerzo, que no estás identificado con el espíritu de la compañía y, por tanto, que no has superado el periodo de prueba. Por lo tanto, tu relación laboral se extingue hoy.”
“La amenaza no estaba en lo que dijeron, sino en cómo lo dijeron”
El suyo no fue un caso aislado. Aquel mismo 8 de mayo se produjo otro despido en circunstancias similares, también justo antes del fin del periodo de prueba.
“No fue por razones profesionales. Eran personas con experiencia y buena actitud, pero fueron las más vocales oponiéndose a las nuevas condiciones o pidiendo explicaciones por escrito”, denuncian desde la sección sindical.
Según los testimonios recabados, la empresa evitaba sistemáticamente dejar constancia por escrito de las nuevas medidas, lo que dificultaba cualquier reclamación formal.
En una de las reuniones departamentales, el trabajador despedido se mostró firme al expresar su negativa a realizar diez horas diarias. Poco después, su jefe le pidió que se disculpara ante la directora de “Personas y Cultura”.
“Me dijeron: considero que deberías hablar con la directora de Personas y Cultura para reconciliarte, porque no le gustó tu actitud en la reunión de ayer”, explica. “Obviamente me negué. No había faltado el respeto a nadie; solo pedí que se cumpliera la legalidad respecto a las horas extra.”
Un día después, el 8 de mayo, fue despedido.
“Echaron a los cabeza de turco, los que podían despedir gratis por estar en periodo de prueba. Hubo más gente que se negó a las horas extra, pero no los echaron”, resume uno de sus compañeros.
Veto del teletrabajo, vacaciones e inicio de la sección sindical
El descontento entre la plantilla de MercurySteam era ya evidente. Las diez horas diarias de trabajo y la falta de una comunicación formal por parte de la empresa no eran los únicos motivos de malestar. A ello se sumaron nuevas restricciones que afectaron directamente a la conciliación laboral y personal: el veto al teletrabajo y a las vacaciones.
“Yo tenía aceptado el teletrabajo por causa médica la semana después de empezar las horas extra y el DIJ, y me lo cancelaron cuando ya lo tenía aprobado”, explica una trabajadora. “La comunicación fue básicamente que, a partir de ahora, teníamos que hacer diez horas diarias, cincuenta semanales, sin opción a teletrabajo ni vacaciones, y que nos apañáramos”, añade.
Los empleados denuncian además irregularidades legales, como el incumplimiento del margen de cinco días de preaviso exigido por ley para modificar los horarios bajo el DIJ.
Trato desigual y un clima de miedo
La situación tampoco fue igual para todos. Varios testimonios coinciden en que no todos los departamentos ni empleados fueron tratados con el mismo rasero, generando aún más malestar entre la plantilla.
“Hay muchas horas de trabajo extra tiradas a la basura porque no todo el mundo tenía la misma carga de trabajo. Algunos se quedaban sin avanzar porque otros directamente no hacían esas horas”, relata una empleada.
El favoritismo percibido hacia ciertos trabajadores acentuó la sensación de injusticia:
“Hay un trato preferente y la gente no está ciega”, afirma otro compañero.
Pero el elemento que más describen los empleados es el miedo.
“Si algo hace bien Mercury es jugar con el miedo porque no hay otro lugar donde ir en la industria”, señala un trabajador. “Muchas veces nos decían, casi como parte de un guion, que ‘a lo mejor este no es tu lugar y te tienes que ir’”, añade.
El nacimiento de la sección sindical
Ante la creciente tensión, varios empleados decidieron dar un paso al frente. El 16 de mayo de 2025, apenas una semana antes del lanzamiento de Blades of Fire, se constituyó una sección sindical en colaboración con CSVI y CGT.
“Durante ese tiempo nuestra capacidad de acción era muy limitada porque en la empresa ya existía un comité de CCOO”, explica uno de sus miembros.
A falta de canales internos, la comunicación se volvió casi clandestina. Los representantes sindicales recorrían los pasillos recordando a sus compañeros derechos básicos:
“Recordábamos que la décima hora diaria era voluntaria o que la empresa debía avisar con cinco días de antelación para aplicar el DIJ”, cuenta otro miembro.
Además, animaron a los trabajadores a llevar un registro personal de sus horas, ya que el sistema oficial de fichaje no estaba preparado para reflejar correctamente la nueva jornada.
“También nos encargamos de comunicar de forma informal los despidos, porque dentro de Mercury todo eso se lleva en secreto”, recuerda una empleada. “Fuimos muy vocales en que acababan de despedir a dos compañeros nuestros”, concluye.
Agosto: la tanda de despidos
A las restricciones previas y al ambiente de tensión en aumento se sumó, durante el mes de agosto, una nueva oleada de despidos. Varios empleados describen ese periodo como “el punto de ruptura” dentro del estudio. La confianza entre empresa y trabajadores se había deteriorado por completo.
“A ti te piden mucho, pero ellos jamás te van a dar nada. No eres una persona, solo un engranaje más”, resume uno de los exempleados.
Entre los casos más duros está el de una trabajadora que relata el impacto psicológico del ambiente laboral. Se incorporó a MercurySteam en 2023 y, a comienzos de 2024, tuvo que cogerse una baja por salud mental, que se extendió hasta finales de junio de 2025. Sin embargo, asegura que ni siquiera durante ese tiempo la empresa respetó su descanso médico.
“Durante la baja, mi jefe de departamento me escribía con frecuencia al móvil personal”, cuenta. “Desde el principio inició una campaña de acoso en la que repetía que ‘me iban a despedir en cuanto volviera’ porque ‘no estaba llevando la baja bien’, solo por no haberle contado los motivos médicos —algo que no tengo obligación legal de hacer”, explica.
Aislamiento, bloqueo y humillación
Cuando finalmente regresó a su puesto a principios de julio, la situación no mejoró.
“Me dejaron un mes entero sin tareas y sin poder hacer nada. Me bloquearon las credenciales, no podía acceder al software, no me daban trabajo, ni teletrabajo ni vacaciones”, recuerda.
Lo más contradictorio, denuncia, es que mientras a ella la mantenían inactiva, su departamento estaba sometido a jornadas de ‘crunch’ con exceso de horas extra.
Ante la sensación de acoso y desprotección, solicitó una reunión con Recursos Humanos —la cual decidió grabar legalmente como medida de autoprotección. A lo largo de su trayectoria en la empresa, nunca había recibido ningún aviso, crítica ni evaluación negativa, algo que confirman también sus compañeros.
“Cuando llegó agosto, el mismo día que acababa mi periodo de prueba, me llamaron y me despidieron”, explica. “Me justificaron el despido por ‘falta de rendimiento’… cuando llevaba un mes sin poder trabajar.”
Amenazas legales y miedo a represalias
La trabajadora firmó el despido como “no conforme”, se afilió al sindicato y presentó una demanda contra la empresa. Pero lo que ocurrió después la dejó paralizada:
“Durante el proceso de conciliación, recibí un burofax en el que la empresa me advertía que podrían demandarme por 100 000 euros si seguía adelante, porque se habían enterado de que había grabado la reunión con RRHH”, relata.
En la carta se le exigía entregar la grabación y destruir todas las copias, además de dejar de hablar de la empresa en redes sociales. Aun así, la misiva advertía que podrían iniciar acciones legales igualmente.
“También decían que un tuit que publiqué un mes después del despido les había causado ‘daños y perjuicios’”, añade con incredulidad.
Finalmente, la trabajadora desistió de continuar con la demanda.
“Tenía todas las de ganar, pero no podía arriesgarme a una posible condena por una cifra así. El miedo es exactamente lo que buscan.”
Documento interno de Mercurysteam
Despidos en cadena: tres días de incertidumbre
La trabajadora no fue la única. Durante el mes de agosto, bajo la excusa del mal rendimiento comercial de Blades of Fire y una supuesta falta de carga de trabajo, MercurySteam ejecutó una tanda masiva de despidos: 18 empleados fueron cesados en cuestión de días.
Según los testimonios, la mayoría de estos despidos se concentraron entre el 20, 21 y 22 de agosto, tres jornadas que varios describen como “días de incertidumbre constante” y con procesos “desgarradores, porque eran uno por uno, viendo quién era el siguiente”.
“En ese proceso de despido te piden que recojas rápido las cosas de tu puesto y que no te despidas de nadie dentro, para no crear malestar en el equipo por si te ven”, cuenta una de las afectadas.
La justificación oficial, explican varios trabajadores, fue que “no había suficiente trabajo para mantener un puesto de ocho horas” y que los despidos respondían a motivos económicos derivados de las malas ventas del juego.
Sin embargo, la realidad dentro del estudio parecía contradecir ese argumento.
“Mientras despedían a gente, el crunch no cesaba en algunos departamentos, y además seguían contratando nuevos perfiles en otros”, confirma otro empleado.
El desconcierto fue total. Muchos coinciden en que nunca existió una comunicación clara sobre la situación real del estudio, ni sobre su salud financiera ni sobre el futuro de los proyectos.
“Huele raro que nos obliguen a hacer tantas horas extra para luego echarme justificando que no hay trabajo”, reflexiona una de las despedidas. “Nunca ha habido transparencia sobre el estado de la empresa, por eso nos pilló a todos tan desprevenidos”, añade un compañero.
Septiembre: silencio impuesto y guerra de comunicados
Apenas unas semanas después de los despidos masivos de agosto, el ambiente dentro de MercurySteam terminó de quebrarse. En septiembre de 2025, la dirección comunicó a los empleados una nueva batería de medidas internas que muchos interpretan como un intento de controlar la comunicación y aislar a los trabajadores.
“Se hace saber que las comunicaciones se restringen”, explican varios empleados. Esto implicó la eliminación de todos los canales y chats grupales que no fueran estrictamente laborales. Poco después, la dirección informaba de que “se van a empezar a hacer auditorías aleatorias a las comunicaciones de los empleados”.
“No tenemos la definición exacta de lo que eso significa, pero fue el propio Enric Álvarez, director general, quien envió el comunicado diciendo que no nos extrañáramos, porque estaba mencionado en el contrato que todos firmamos”, explica una trabajadora.
El impacto fue inmediato.
“Toda la plantilla deja de hablar, tanto por escrito como incluso por los pasillos. Reina el miedo y la gente empieza a callarse”, relata uno de los empleados.
El silencio no solo era digital: en la zona de café se colocaron carteles advirtiendo de que era una “zona de paso”, además de mamparas que reducían el espacio y torniquetes en la cocina que obligaban a fichar incluso para calentar la comida.
“Son medidas claramente dirigidas a evitar que hablemos entre nosotros”, coinciden varios trabajadores.
El resultado fue un ambiente triste y asfixiante, de “tristeza y agotamiento generalizado”, según resumen los entrevistados.
El comunicado que lo cambia todo
El 29 de septiembre, el sindicato CSVI publicó una nota de prensa y un comunicado oficial denunciando la mayoría de los hechos que aquí se han descrito: horas extra irregulares, despidos injustificados y un clima laboral basado en el miedo.
Apenas un día después, la prensa recibió un correo anónimo supuestamente firmado por “la plantilla de MercurySteam”, en el que se negaban los hechos expuestos por el sindicato.
Sin embargo, los diez trabajadores y extrabajadores consultados para este reportaje desmienten la autenticidad de ese segundo comunicado.
“Si realmente hubiera salido de nuestros compañeros, nos habríamos enterado”, afirma uno de ellos. “Nadie sabe quién lo ha escrito, y mucha gente dentro del estudio dice que no se siente representada por ese texto”, añade otro.
Los empleados también señalan inexactitudes dentro de ese correo, como la afirmación de que la empresa implementó mejoras en los créditos de Metroid Dread.
“Eso fue una petición del comité de trabajadores que tardó ocho meses en aprobarse, no una iniciativa de la dirección”, aclaran.
“No lo llaman crunch, pero lo es”
Uno de los puntos más polémicos del supuesto comunicado anónimo fue la negación de la existencia de crunch dentro del estudio.
“Crunch es un periodo prolongado de trabajo por encima de la jornada normal. Aunque las horas se paguen, sigue siendo crunch”, explica un miembro de la sección sindical. “Negar el crunch cuando llevas meses trabajando más horas de lo habitual no tiene sentido”, añade.
Mientras tanto, las ofertas de trabajo del estudio continuaban publicándose con mensajes que aseguraban que MercurySteam “no fomenta la cultura del crunch”.
“Llevan 23 años sin llamarlo crunch, pero si trabajas 10 horas al día durante meses, lo es”, resume una de las trabajadoras. “La diferencia es que esta vez se les ha señalado públicamente”, concluye otro miembro del sindicato.
Y ahora, ¿qué?
A día de hoy, la situación dentro de MercurySteam sigue lejos de estabilizarse. Varios departamentos continúan sometidos al modelo de Distribución Irregular de la Jornada (DIJ), implantado desde enero, con trabajadores que encadenan semanas de nueve horas diarias.
“Muchos hacen esas horas adicionales durante cuatro semanas seguidas”, explica un miembro de la organización sindical. “Luego paran una semana para volver después. Algunos departamentos llevan así, de forma intermitente, desde mayo”.
El propio personal ironiza con el término que la dirección usa para referirse a los pocos descansos que se les conceden:
“Llaman la semana de descanso a hacer ocho horas diarias”, comenta una empleada.
El desgaste invisible
Pese al cansancio acumulado, la mayoría de trabajadores consultados insisten en que no se niegan al esfuerzo, sino a las formas con las que se ha gestionado.
“Todos entendíamos la necesidad de hacer horas extra”, explica una trabajadora. “Pero no nos dieron facilidades ni explicaciones claras. Sentíamos una amenaza implícita si decíamos que no”.
Otro empleado lo resume con frustración:
“El problema no es trabajar más, sino la falta total de transparencia. En Mercury la comunicación siempre ha sido el talón de Aquiles”.
Esa opacidad se traduce también en una sensación de desconfianza constante.
“Te partes el lomo durante meses y no hay ni un solo mensaje interno para darte las gracias”, lamenta otro miembro del estudio.
La plantilla describe un ambiente de agotamiento, desconfianza y tristeza, en el que lo poco que quedaba de compañerismo según dicen se está desvaneciendo.
“Lo mejor que tenía Mercury era el ambiente, molaba por los compañeros. Y se están cargando lo único bueno que tenía la empresa”, reflexiona una trabajadora. “Es preocupante que todo esto sea legal, que la ley permita esta situación”, añade otro.
Un futuro incierto
La percepción dentro del estudio es que la empresa evita un ERE por el impacto público y económico, pero que la tensión sigue latente.
“Ahora mismo no hay más despidos porque no quieren hacer un ERE”, asegura uno de los representantes sindicales.
Mientras tanto, la dirección mantiene su postura oficial. Tras ser contactado por 3DJuegos, Enric Álvarez, director general de MercurySteam, ha respondido con una única declaración:
“El comunicado no refleja en absoluto la realidad de MercurySteam.”
Una frase breve, pero que resume el choque de versiones que define este conflicto. Entre tanto, los trabajadores siguen fichando, las horas extra continúan y la empresa que durante años fue considerada un emblema del desarrollo español de videojuegos enfrenta su mayor crisis de reputación interna hasta la fecha.