
La nueva Siri está a punto de llegar: ¿será ahora sí la inteligente que Apple nos prometió?
Faltan solo unos meses para conocer a la nueva Siri, esa versión del asistente que Apple lleva prometiendo y retrasando durante años.
Una Siri que debería haber llegado hace tiempo, pero que se quedó atascada en el pasado. Porque seamos sinceros: hoy le pides que encienda una luz y te dice que no existe; se lo repites, y de repente la encuentra.
Y si intentas poner una canción en inglés… buena suerte. Siri sigue empeñada en entenderlo todo en español.
El problema no es de micrófonos, sino de comprensión
El gran fallo de Siri nunca ha sido técnico. Los micrófonos del iPhone son excelentes, los de los AirPods también. Incluso las nuevas funciones de traducción en tiempo real funcionan con precisión sorprendente, capaces de entender conversaciones complejas en otros idiomas.
Entonces, ¿qué falla?
El problema está en la comprensión y el contexto, justo lo que diferencia a un asistente útil de uno frustrante. Siri puede oírlo todo, pero no siempre entiende lo que queremos decir. Y eso, para un asistente personal en 2025, es imperdonable.
Apple pide perdón (a su manera)
En junio pasado, Apple reconoció implícitamente sus errores al presentar Apple Intelligence, el proyecto que promete devolver a Siri su protagonismo.
Una forma elegante de decir: “Sí, llegamos tarde, pero ahora sí tenemos un plan”.
El problema es que ese plan lleva años de retraso.
En 2024, Apple mostró en la WWDC una Siri totalmente nueva: más natural, con capacidad para entender contexto, acceder a datos personales y realizar acciones complejas entre apps.
Parecía el gran salto adelante… hasta que se supo que aquella versión era más una demo que un producto real.
Craig Federighi, jefe de software de Apple, lo admitió meses después: el sistema existía, pero solo funcionaba bien en entornos controlados. Para el usuario real, era un desastre.
De promesa a frustración
Siri nació fuera de Apple. Era una aplicación independiente que la compañía compró en 2010 e integró en el iPhone 4S.
Fue un movimiento rápido, pero con muchas limitaciones. En español, por ejemplo, no llegó hasta un año más tarde, con iOS 6 y el iPhone 5.
Mientras tanto, Alexa y Google Assistant evolucionaron a toda velocidad. Siri, en cambio, se quedó atrás y terminó convirtiéndose en un meme tecnológico.
Hoy, incluso muchos fans de Apple confiesan lo mismo: “Siri me frustra más de lo que me ayuda.”
Yo mismo lo he vivido. En casa tengo un HomePod, y cada vez que veo cómo Alexa entiende perfectamente a mi hermano mientras la mía falla con lo más básico, me da rabia.
Apple no solo tiene que ponerse al día, sino alcanzar desde atrás. Y eso, en tecnología, es mucho más difícil que simplemente no quedarse atrás.
¿Podemos confiar en la nueva Siri?
El nuevo plan de Apple promete una Siri más útil, más natural y más privada. Pero la confianza no se recupera de la noche a la mañana.
Después de tantos años de promesas incumplidas, la pregunta sigue en el aire:
¿será esta vez diferente o volveremos a ver otro “prototipo” disfrazado de revolución?

Cuando Apple decidió empezar de cero: la batalla secreta detrás de la nueva Siri
La primavera de 2025 fue un punto de inflexión dentro de Apple.
Después de años de promesas incumplidas, los ingenieros tomaron una decisión radical: empezar desde cero. Abandonar la vieja Siri y reconstruirla sobre una arquitectura completamente nueva, basada en modelos fundacionales de inteligencia artificial.
Era una decisión necesaria, pero con un precio: más retrasos, más frustración y más fugas de talento.
Linwood vs. Glenwood: la guerra interna
Dentro de Apple se formaron dos bandos.
Dos visiones irreconciliables sobre el futuro de la inteligencia artificial en la compañía.
🔹 Linwood era el sueño purista de Apple:
una Siri 100 % desarrollada con tecnología propia, bajo el más estricto control interno y con total privacidad. Nada de depender de terceros. Todo hecho “a la manera de Apple”.
🔹 Glenwood, en cambio, representaba la vía pragmática:
usar tecnología externa, integrando grandes modelos de lenguaje ya existentes. En resumen, admitir que Apple no podía hacerlo sola.
Durante meses, ambos equipos compitieron en silencio. Mientras tanto, el retraso se acumulaba y los ingenieros más brillantes empezaron a irse.
Éxodo de talento
El golpe más duro llegó con la marcha del arquitecto principal de Foundation Models, que se fue a Meta tras recibir un paquete valorado en 200 millones de dólares.
Poco después, decenas de ingenieros clave siguieron el mismo camino: OpenAI, Meta, xAI… los rivales de Apple se estaban quedando con su talento más valioso justo cuando más lo necesitaban.
Internamente, era evidente: Apple había perdido el ritmo.
Y si quería poner a Siri a la altura de ChatGPT, Claude o Gemini, iba a necesitar ayuda externa.
Las negociaciones secretas: Claude o Gemini
Apple inició conversaciones discretas con varios actores de la IA generativa.
En las pruebas internas, Claude (de Anthropic) superó a Gemini (de Google) en precisión, comprensión y fiabilidad. Pero Apple no solo buscaba el mejor modelo: buscaba el acuerdo más viable.
Y ahí es donde Google jugó con ventaja.
Ambas compañías ya mantenían una relación multimillonaria: cada año, Google paga entre 18.000 y 20.000 millones de dólares para ser el buscador predeterminado en Safari.
Negociar con quien ya conoces siempre es más fácil que empezar de cero.
Así, Gemini ganó.
Glenwood ganó.
Y el precio del pacto: 1.000 millones de dólares anuales.
El fin de una era (y el principio de otra)
Para Apple, aceptar el acuerdo fue una rendición parcial.
La empresa que durante décadas presumió de independencia tecnológica acababa apoyándose en un competidor para dar vida a su asistente virtual.
Pero también fue una decisión de supervivencia.
Sin ese paso, Siri habría seguido atrapada en el pasado, incapaz de competir en un mundo dominado por la IA generativa.
Ahora la pregunta es otra:
¿logrará Apple convertir esa dependencia en una oportunidad?
¿O acabará repitiendo el mismo error, esta vez con un socio que conoce demasiado bien sus puntos débiles?

El motor secreto de la nueva Siri
Finalmente, Google será el motor de la nueva Siri. Pero Apple ha sabido jugar bien sus cartas.
Gemini no será visible. Nunca veremos un logo de Google en Siri, ni un mensaje que diga “conectando con Gemini”.
Apple mantiene el control absoluto de la experiencia, de la interfaz y de la integración con iOS.
Pero bajo el capó, Gemini estará ahí, haciendo el trabajo pesado.
El modelo de Google cuenta con 1,2 billones de parámetros, un 700 % más que el mejor modelo interno de Apple.
Será el responsable de que Siri comprenda el contexto entre múltiples preguntas, resuma información compleja y ejecute acciones encadenadas sin colapsar.
Todo ocurrirá en los servidores privados de Apple, no en los de Google.
La compañía ha asignado hardware propio con chips Apple Silicon dedicados para ejecutar el modelo, asegurando que los datos nunca salgan de su nube.
En esencia, Apple compró el conocimiento de Gemini y lo instaló en su propia infraestructura.
Le ha pagado a Google por su “cerebro”, pero el cuerpo, la mente y la privacidad siguen siendo de Apple.
Y eso, paradójicamente, es lo que hace que podamos confiar en la nueva Siri.
Basta con ver los avances de Google en IA desde el célebre Nanobanana hasta Gemini Live Cámara para entender que el salto será enorme.
Todo ese conocimiento, integrado directamente en el sistema, promete una Siri capaz de actuar, comprender y adaptarse como nunca antes.
Sin embargo, según las mismas fuentes que confirmaron el uso de Gemini, esta colaboración será temporal.
Apple planea usarla como trampolín, no como dependencia permanente.
La meta sigue siendo construir su propia arquitectura y recuperar el control total cuando esté lista para hacerlo.
Sí, es un atajo. Pero es uno de los atajos más inteligentes que ha tomado Apple en años.
Porque integrar un modelo como Gemini dentro de los límites de su propio ecosistema, sin ceder datos, sin cambiar su ADN de privacidad, es un logro técnico monumental.
Después de tantos años de promesas incumplidas, retrasos y decepciones, Apple parece haber encontrado el camino.
Ha tenido que pagar mil millones de dólares al año y aceptar ayuda externa, sí.
Pero a cambio, Siri finalmente funcionará.
Y eso, tras más de una década de frustraciones, ya es una pequeña revolución.
La vista está puesta en iOS 26.4, previsto para la próxima primavera.
Quizá entonces, por fin, podamos decirlo sin ironía:
“Oye, Siri”… y que nos entienda a la primera.