
El crecimiento del número de prestaciones ligadas a los trabajadores fijos discontinuos ha vuelto a poner bajo la lupa los efectos de la reforma laboral de 2021. En los nueve primeros meses del año, el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) ha tramitado más de medio millón de expedientes, una cifra que, aunque algo inferior a la del año pasado, duplica los niveles previos al cambio legislativo.
Más que un repunte del desempleo, los datos reflejan una transformación estructural del mercado laboral español. La sustitución de los contratos temporales por los fijos discontinuos ha modificado los patrones de actividad y descanso de muchos trabajadores, aportando más estabilidad formal, pero distorsionando las estadísticas de desempleo y de gasto en prestaciones.
Por qué se han duplicado las prestaciones tramitadas
Entre enero y septiembre, el SEPE registró 245.754 nuevas altas y 324.410 reanudaciones de prestaciones de fijos discontinuos, alcanzando un total de 570.164 expedientes.
Aunque la cifra supone un ligero descenso del 2,3% respecto a 2024, representa un aumento del 114% en comparación con 2019.
Esto no significa que haya más paro, sino que hay más trabajadores con derecho a prestación durante los periodos en que no están activos, aunque mantienen su relación laboral con la empresa.
Es decir, no aparecen como parados en las estadísticas, pero sí cobran ayudas por desempleo, lo que multiplica el número de expedientes gestionados.
El impacto en el gasto público
Tanto la AIReF como el Banco de España estiman que el gasto en subsidios y prestaciones contributivas ha crecido entre un 30% y un 35% interanual, impulsado por este fenómeno y por el aumento de cotizaciones.
En 2019, los fijos discontinuos representaban el 7,7% de los beneficiarios de prestaciones. En 2025, ya suponen el 11%.
Dicho de otro modo: uno de cada diez perceptores de ayudas no está realmente en paro, sino a la espera de reincorporarse a su puesto.
Cómo ha influido la reforma laboral
La reforma laboral promovió los contratos fijos discontinuos para sustituir los temporales, buscando más estabilidad y menos rotación. Sin embargo, en la práctica ha generado una relación híbrida: trabajadores ni despedidos ni activos todo el año.
En sectores como hostelería, turismo o servicios externalizados, este modelo se ha generalizado, permitiendo a los empleados solicitar prestación cada vez que cesa su actividad, lo que provoca altas y bajas continuas en el SEPE.
Así ha cambiado el perfil del fijo discontinuo
Antes, estos contratos eran habituales en actividades estacionales como la agricultura o las campañas turísticas. Hoy se han extendido a logística, educación o atención al cliente, con periodos de trabajo más cortos y derechos de prestación que se agotan antes.
Por ello, las altas iniciales de ayudas se han disparado un 133% desde 2019, superando las 245.000 frente a las poco más de 105.000 registradas antes de la reforma.
Lo que esconden los últimos datos del SEPE
Solo en septiembre se tramitaron más de 49.000 altas o reanudaciones, el mayor volumen desde que hay registros comparables.
Aun así, el número medio de beneficiarios activos fue de 88.000 personas, con una media anual de 129.650 en 2025.
La alta rotación y la duración breve de muchas ayudas dificultan saber cuántos trabajadores diferentes han pasado realmente por el sistema.
Además, los que rechazan reincorporarse sin causa justificada pierden el derecho a prestación, complicando aún más el seguimiento.
¿Ha mejorado realmente su protección?
Aunque el volumen de expedientes ha crecido, la cobertura efectiva no es necesariamente mayor.
Los nuevos subsidios integran a los fijos discontinuos en el conjunto general de beneficiarios, dificultando evaluar su nivel de protección real.
En 2019 se contabilizaban 57.000 ayudas asistenciales específicas para este grupo; en 2025, apenas 127.
Y la ratio de beneficiarios sobre demandantes ha bajado del 13% al 11% en seis años.
El Ministerio de Trabajo no publica cuántos fijos discontinuos están inactivos en cada momento, delegando la competencia en las comunidades autónomas, aunque los Anuarios de Estadísticas Laborales ofrecen estimaciones con cierto desfase.