El plan británico Be Ready: ¿una preparación realista para las familias con bajos ingresos?

El Gobierno británico ha lanzado la campaña Be Ready, que insta a todos los hogares a reunir suministros para sobrevivir 72 horas sin servicios normales. La recomendación incluye nueve litros de agua embotellada por persona, alimentos no perecederos, mantas, linternas, pilas, botiquines, radios FM, baterías externas, dinero en efectivo, productos de higiene, medicamentos, artículos para bebés y comida para mascotas. Se aconseja añadir uno o dos artículos a la compra habitual y revisar las reservas cada seis meses.
Contexto de guerra híbrida
La iniciativa llega en un momento de creciente preocupación por ataques híbridos, sabotajes y operaciones de guerra electrónica contra infraestructuras europeas. El ministro de Defensa, Wes Streeting, ha advertido que las amenazas patrocinadas por Estados son reales y que Europa podría enfrentar una amenaza militar mayor hacia 2030. El Gobierno teme que actores hostiles interrumpan los sistemas de pago, las comunicaciones, el suministro eléctrico o las cadenas de distribución.
Críticas por la brecha económica
La campaña ha sido criticada por su desconexión con la situación económica de numerosos hogares. Un informe de julio de 2026 de la Joseph Rowntree Foundation muestra que 7,4 millones de familias con bajos ingresos no pudieron permitirse productos esenciales durante los seis meses anteriores, y 1,5 millones recurrieron a bancos de alimentos. Yasmin Ibison, asesora de la fundación, señala que pedir a estas familias que compren reservas adicionales compite directamente con necesidades inmediatas.
Ruth Patrick, profesora de la Universidad de Glasgow, describió las recomendaciones gubernamentales como una “falta de sensibilidad” y, en el peor caso, un “insulto” para los 14 millones de hogares que actualmente se enfrentan a la pobreza en el Reino Unido. Su crítica apunta a la distancia entre las exigencias de seguridad nacional y la realidad de los hogares que apenas consiguen cubrir sus gastos cotidianos.
Ejemplo concreto: Samantha Richards
Samantha Richards, madre soltera de 47 años que trabaja a jornada completa y recibe ayudas sociales, ejemplifica la dificultad de cumplir con la campaña. Comprar suministros adicionales significaría sacrificar parte del presupuesto destinado al cuidado de su hijo durante las vacaciones escolares. Además, el menor es autista y necesita alimentos que requieren refrigeración, lo que complicaría aún más una emergencia con cortes eléctricos.
Debate sobre la viabilidad de la preparación universal
Algunas voces cuestionan la utilidad de limitar las recomendaciones a una lista de compras. Ana, fundadora del grupo UK Preppers Club, sostiene que la preparación debería acompañarse de instrucciones prácticas sobre cómo actuar si desaparece el agua corriente, falla la electricidad o una familia necesita reunirse durante una emergencia. Otros reclaman formación en primeros auxilios, métodos para potabilizar agua y alternativas para mantener funcionando equipos esenciales.
La preocupación compartida es que la capacidad de afrontar una crisis termine dependiendo de los ingresos, el espacio disponible en casa y los conocimientos de cada familia. El Gobierno defiende que la campaña busca mejorar la resistencia de los hogares y reducir la presión sobre los servicios de emergencia, permitiendo que estos atiendan prioritariamente a las personas más vulnerables. Insisten en que nadie necesita comprar todos los productos de golpe y recomiendan construir las reservas poco a poco.
El plan parece seguir la línea de recomendaciones similares de Francia, Irlanda y Países Bajos, en un momento en el que los fenómenos meteorológicos extremos y la dependencia de infraestructuras digitales aumentan la preocupación por posibles interrupciones. Sin embargo, el debate que deja abierto es hasta qué punto una estrategia de preparación universal puede funcionar cuando una parte considerable de la población carece de recursos para seguirla.

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