Una aldea española donde cruzar la calle implica cambiar de provincia

En la aldea de Ventorros de Balerma, la frontera entre Granada y Córdoba se traza con una simple calle llamada El Límite. Sin VAR, la línea que separa las dos provincias es una fuente y una acera que, a simple vista, parece una curiosidad geográfica, pero que complica la vida cotidiana de sus 211 habitantes.
Un pueblo dividido por la historia
El caserío nació en el Reino de Granada, a pocos metros de la frontera que, desde el siglo XV, lo separaba del Reino de Córdoba. Cuando Javier de Burgos transformó los reinos en provincias en 1833, la franja fronteriza se mantuvo igual, pero el pueblo se desplazó. A principios del siglo XX, el crecimiento alrededor de unos ventorros y la carretera de Loja a Iznájar hizo que el territorio se colara en terreno cordobés.
Servicios y administración a ambos lados
El colegio C.P.R. Iznájar Sur, los dos bares y el consultorio médico pertenecen al distrito sanitario de Granada y a la zona básica de Loja, pero el agua llega desde Iznájar y la basura la recoge Loja. El código postal varía entre 14978 y 18312, y el teléfono fijo empieza por 957 o 958 según la acera. Un niño con fiebre en el recreo cordobés necesita un médico granadino, y el IBI se cobra en el ayuntamiento donde se ubica el inmueble, con tipos que oscilan entre el 0,4 % y el 1,1 % en vivienda urbana.
Un padrón que se divide
Hasta la fecha, Ventorros no tiene padrón propio. El INE cuenta cada mitad en su municipio: en 2019 sumaban 143 empadronados en Iznájar y 166 en Loja, 309 en total. La población cordobesa alcanzó su pico en 2004 con 185 habitantes y en 2025 era de 126, una caída de 59. Los números varían según quién los cuente y cuándo, lo que genera un margen de error mayor que un fuera de juego milimétrico.
La desescalada del confinamiento
En mayo de 2020, la desescalada del confinamiento provocó el partido más extraño de la historia local. La parte granadina inició en la fase 0 y la cordobesa en la 1; el consultorio estaba en la fase 1, mientras que los bares y el colegio se encontraban en la fase 0. Con la movilidad entre provincias prohibida, cruzar la calle era infringir el estado de alarma. El alcalde pedáneo, Julián Ruiz, anunció sentido común, y el sentido común ganó: todo el núcleo se quedó en la fase más ventajosa.
Este caso no es único. En Cataluña, la calle de las Dos Provincias separa Bellvei, en Tarragona, de Castellet i la Gornal, en Barcelona, donde una vivienda está literalmente dividida entre las dos provincias.

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