Los centros de datos españoles se enfrentan a nuevos retos regulatorios y de energía renovable

En los últimos años, los centros de datos han pasado de ser una pieza técnica poco visible a convertirse en el epicentro de la discusión entre la expansión de la inteligencia artificial y la controversia política en territorio español. Según los datos citados por Xataka, la península alberga más de cien instalaciones de este tipo, ya sea ya construidas o en fase de proyecto, con una capacidad total que supera los 2,9 GW. A escala mundial, las cinco grandes compañías tecnológicas de origen estadounidense tienen previsto destinar en el presente ejercicio unos 900.000 millones de dólares a este tipo de infraestructuras, lo que representa la mayor partida de gasto vinculada a la IA.
El enfoque de neutralidad de Nixval
José Luis Gómez‑Pardo, director ejecutivo de Nixval, describe su plataforma valenciana como un punto de intercambio neutral. Desde sus inicios, hace cerca de dos décadas, la compañía ha puesto a disposición de múltiples operadores de internet un espacio donde sus redes pueden conectarse y transferir datos bajo condiciones idénticas para todos los participantes. Según sus palabras, el tráfico generado dentro de la Comunidad Valenciana permanece en la región y puede intercambiarse sin necesidad de salir del territorio. En situaciones de emergencia, como un apagón generalizado o la dana que afectó a la zona en 2024, el centro actúa como un nodo de respaldo que garantiza la continuidad de la conectividad.
Para ilustrar el papel de estos centros, Gómez‑Pardo recurre a una comparación visual: así como los aeropuertos permiten que los aviones operen sin ser propietarios de los mismos ni vender los billetes, los centros de datos neutrales facilitan el paso de la información sin poseer los contenidos que transportan.
Soberanía tecnológica y marco regulatorio europeo
El ejecutivo de Nixval asocia la existencia de instalaciones locales con la idea de «soberanía tecnológica» que se debate en la Unión Europea. En su opinión, cada país miembro debería contar con centros de datos que estén bajo el control de capital nacional o, al menos, de capital que no provenga del extranjero. Además, insiste en que no basta con que los datos residan físicamente en territorio europeo; también es imprescindible que los sistemas y herramientas empleados para procesarlos o moverlos sean de origen europeo.
En este escenario, la Comisión Europea ha presentado una serie de propuestas regulatorias que, según el director, podrían limitar de forma excesiva el desarrollo de una industria que aún está en fase de crecimiento. Su postura es que la normativa debería aplicarse una vez que la región haya alcanzado una posición de liderazgo tecnológico, y no antes. Reconoce, sin embargo, que el borrador del Real Decreto sobre sostenibilidad de los centros de datos, presentado en agosto, contiene elementos positivos, aunque su puesta en práctica dependerá de la manera en que cada Estado lo interprete.
Obligaciones de energía renovable y repercusiones económicas
El proyecto de Real Decreto establece que las instalaciones de este tipo deben garantizar que, en cada hora del día, al menos el 80 % de la energía consumida provenga de fuentes renovables generadas en esa misma franja horaria. Esta energía puede provenir de instalaciones propias del centro o de acuerdos a largo plazo con nuevas plantas de generación española. Gómez‑Pardo señala que la coincidencia temporal entre la demanda y la generación es extremadamente compleja de lograr, sobre todo porque el consumo de un centro de datos se mantiene relativamente constante a lo largo del día, mientras que la disponibilidad solar está limitada a las horas de luz.
Para cumplir con la normativa, sería necesario combinar diferentes fuentes como la fotovoltaica, la eólica y sistemas de almacenamiento mediante baterías, lo que, según el director, multiplicaría la necesidad de energía de forma considerable. El incremento de los costos operativos, advierte, podría impedir la puesta en marcha de numerosos proyectos desde sus fases iniciales, desviando la inversión hacia regiones donde el precio por megavatio sea más bajo.
Uso de agua y percepción social
Otro aspecto que genera debate es el consumo hídrico asociado a la refrigeración de estos centros. Gómez‑Pardo asegura que Nixval no emplea agua para sus sistemas de enfriamiento, limitándose al consumo doméstico de los baños. Asegura que la mayoría de los centros de datos en España utilizan tecnologías de refrigeración que no requieren agua, a diferencia de algunas instalaciones estadounidenses que emplean sistemas evaporativos con agua potable. Sin embargo, menciona que Amazon ha obtenido autorización para incrementar en un 48 % su consumo de agua en la instalación de El Burgo de Ebro.
La escasa visibilidad de la actividad de los centros de datos ha contribuido a una percepción negativa por parte del público. El director comenta que, hasta alrededor de 2020, la infraestructura crítica que representan para la sociedad pasaba prácticamente desapercibida.
Latencia, descentralización y el futuro de la IA
Gómez‑Pardo anticipa que la inteligencia artificial se integrará en todos los sectores, exigiendo tiempos de respuesta inferiores a un milisegundo. En ese contexto, la proximidad física entre sensores, robots y los centros de procesamiento será esencial. Según sus palabras, nos encaminamos hacia una situación en la que el intervalo entre el modelo que procesa la información y el sensor que la captura será menor a un milisegundo.
Para lograr esa velocidad, propone la creación de puntos de intercambio cada 80 kilómetros, de modo que la distancia entre el origen de los datos y el centro de procesamiento sea mínima. Esta visión sugiere una arquitectura descentralizada, donde pequeños operadores locales ofrezcan respuestas rápidas a demandas regionales, en contraste con la concentración de recursos en unos pocos proveedores de gran escala que manejan infraestructuras de dimensiones colosales.
Implicaciones estratégicas
Si la normativa que obliga al uso de energía renovable en tiempo real se mantiene, los costos de operación de los centros de datos podrían incrementarse de forma significativa, lo que afectaría la competitividad de España como punto de referencia digital en Europa. Al mismo tiempo, la cercanía de estas instalaciones a los usuarios finales tiene el potencial de reducir la latencia de aplicaciones basadas en IA, mejorando la experiencia en áreas como la robótica, la automatización industrial y los servicios en tiempo real.
En definitiva, la evolución de la regulación y la expansión de la infraestructura determinarán si España consolida su posición como hub tecnológico en la era de la inteligencia artificial o si pierde inversiones frente a otras regiones que ofrezcan condiciones más favorables.
Por qué importa
El futuro de la normativa energética y la estrategia de ubicación de los centros de datos son factores clave para la competitividad del país. Un aumento de los costes energéticos podría desalentar la creación de nuevas instalaciones, mientras que una red de centros distribuidos geográficamente permitiría reducir la latencia y mejorar la eficiencia de los servicios basados en IA. La combinación de ambos aspectos influirá directamente en la capacidad de España para atraer inversiones, mantener su papel como nodo digital europeo y ofrecer a sus empresas y ciudadanos una infraestructura tecnológica de última generación.




Fuente: Xataka. Este artículo es una elaboración propia de TecnoPunta a partir de la información publicada.
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