El gamo europeo, introducido en 1905, se ha convertido en invasor en tres provincias argentinas

En 1905, el empresario argentino Ernesto Tornquist introdujo gamos europeos en la Sierra de la Ventana, con la intención de embellecer sus terrenos. La iniciativa, que parecía un proyecto paisajístico, se convirtió rápidamente en una expansión descontrolada. Los animales escaparon y se dispersaron por numerosos cotos de caza en todo el país, y para los años 30 ya se encontraban en el centro de Argentina.
De la decoración a la invasión
Desde 2021, el gamo figura en la lista oficial de especies exóticas invasoras de Argentina, bajo la categoría de “uso controlado”. Esto significa que se permite cazar y criar al gamo, pero con estrictos controles. A día de hoy, el animal vive libremente en tres provincias: Buenos Aires, Neuquén y Río Negro. Su presencia es especialmente abundante en la isla Victoria y la península Huemul, donde ha tenido un impacto notable en los ecosistemas locales.
Efectos ecológicos en la isla Victoria
En la isla Victoria, los gamos casi eliminaron el maqui a finales de los ochenta. Además, su patrón alimenticio, que consiste en ramonear selectivamente el ciprés de la cordillera y otras leñosas nativas, facilita la invasión de especies como los pinos. A pequeña escala, el gamo sustituye especies nativas por europeas, alterando gradualmente el equilibrio ecológico.
Investigaciones recientes
En febrero de 2024, un equipo de 45 investigadores publicó en PNAS la historia de 10 000 años del gamo europeo. Los resultados revelaron que, tras las glaciaciones, las especies de corzos, ciervos y gamos se limitaron al entorno de Anatolia y los Balcanes. Los autores sugieren que la reintroducción de estos animales a la península Ibérica ocurrió gracias a los romanos. Aunque el gamo llegó a Barbuda en 1700 y se convirtió en el animal nacional, en Argentina sigue siendo considerado invasor.
Perspectivas y desafíos
El caso del gamo argentino plantea preguntas sobre la gestión de especies introducidas y sus efectos a largo plazo. Mientras el gobierno mantiene un control sobre la caza y la cría, la expansión del gamo en ecosistemas sensibles continúa. Se requiere una evaluación continua para determinar las medidas más adecuadas y evitar daños mayores al medio ambiente. Finalmente, la historia del gamo en Argentina sirve como advertencia sobre las consecuencias de introducir especies no nativas sin una planificación adecuada.

¿Qué te ha parecido?
Deja el primer comentario y comparte tu experiencia o pregunta.