Se detecta comercio online de cráneos y restos humanos momificados con riesgos sanitarios

Una investigación publicada el 5 de agosto de 2026 muestra que en Instagram y otras redes se comercializan cráneos, manos y fragmentos humanos momificados de épocas pasadas, creando un mercado global con implicaciones sanitarias y de conservación del patrimonio.
Alcance del comercio online
El proyecto titulado The Real Mummy’s Curse, liderado por la bioarqueóloga Kirsty Squires de la Universidad de Staffordshire, revisó 128 anuncios difundidos entre 2015 y 2025. De ese conjunto, 122 correspondían a restos humanos y seis a animales. Entre los objetos ofertados se encontraban extremidades, vértebras y, en 66 casos, cráneos en diferentes estados de conservación; únicamente un anuncio mostraba un cuerpo completo.
Los avisos fueron hallados en redes sociales, plataformas de venta en línea y casas de subastas. Un caso destacado es el de un cráneo descrito como parte de una momia del Antiguo Egipto, que alcanzó los 115 000 dólares en EE. UU. hace alrededor de diez años.
Riesgos biológicos y químicos
Squires indica que muchas de las piezas exhiben manchas de moho y colonias microbianas visibles, con estructuras algodonosas que los vendedores parecen pasar por alto. Entre los hongos observados se mencionan especies del género Aspergillus, capaces de generar esporas resistentes que pueden mantenerse viables durante extensos periodos. Las variaciones de humedad en el almacenaje o durante el traslado podrían favorecer su desarrollo, poniendo en riesgo a vendedores, personal postal y compradores con posibles afecciones respiratorias y demás complicaciones.
Adicionalmente, ciertos restos momificados, objetos funerarios y piezas de taxidermia pueden contener residuos de sustancias nocivas como arsénico, mercurio o plomo, empleados históricamente en procesos de conservación. El contacto directo, la inhalación de polvo o la manipulación sin equipos de protección pueden constituir vías de exposición, sobre todo cuando se desconoce el origen y el estado de conservación del artículo.
Procedimientos de venta y envío
El estudio identificó 13 publicaciones con indicios de colonizaciones fúngicas visibles, aunque no se llevaron a cabo análisis microbiológicos que confirmaran la peligrosidad de cada objeto. Asimismo, se verificó que algunos vendedores ofrecían envíos internacionales a pesar de las limitaciones postales vigentes para restos humanos, permitiendo que los artículos se transporten mediante servicios de mensajería habituales sin las salvaguardas que una evaluación especializada exigiría.
Varias imágenes publicadas por los vendedores los muestran sosteniendo los restos con las manos descubiertas y sin mascarilla, lo que evidencia una escasa conciencia de los riesgos sanitarios involucrados.
Contexto histórico del comercio de momias
La comercialización de cuerpos antiguos no es un fenómeno reciente. En el siglo XIX, el interés europeo por Egipto impulsó un mercado donde se negociaban cuerpos completos, sarcófagos y fragmentos humanos como recuerdos de viaje y objetos de colección. En 1830, el religioso francés Ferdinand de Géramb se burló de la práctica de regresar de Egipto con una momia y un cocodrilo. La fascinación llegó a los salones de la alta sociedad victoriana, donde se organizaban encuentros para desenvainar momias ante los asistentes.
La idea de una “maldición” egipcia se difundió después de la muerte de lord Carnarvon en 1923, apenas cinco meses tras su participación en la apertura de la tumba de Tutankamón. En 2003, dos médicos propusieron en The Lancet que pudo haber inhalado esporas de Aspergillus flavus presentes en la tumba, aunque nunca se confirmó. Un episodio similar se citó en Polonia tras la apertura en 1973 de la tumba del rey Casimiro IV, donde se detectó el mismo hongo, pero sin pruebas de que las muertes posteriores fueran consecuencia directa.
Conclusiones del estudio
El informe sostiene que el riesgo no reside en una maldición sobrenatural ni en una epidemia comprobada, sino en un comercio insuficientemente regulado que combina peligros sanitarios, pérdida de patrimonio arqueológico y la mercantilización de personas fallecidas hace siglos. Aunque no se realizaron pruebas microbiológicas concluyentes, la presencia de colonizaciones fúngicas visibles y de sustancias tóxicas indica la necesidad de una mayor regulación y de protocolos de manejo especializados.
Por qué importa
Para el público español, el hallazgo destaca la vulnerabilidad de los consumidores y de los servicios postales ante la venta de objetos humanos sin control. Mientras no exista una normativa clara que regule estas transacciones, persiste el riesgo de exposición a hongos y compuestos tóxicos, así como la pérdida de patrimonio cultural que debería estar bajo la custodia de instituciones especializadas.

Fuente: Xataka. Este artículo es una elaboración propia de TecnoPunta a partir de la información publicada.
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